¿Qué es, en esencia, este vals que compusimos hace muchos años?
Si es por las frías estadísticas, puede ser una de nuestras canciones que ha recibido más grabaciones en el país y fuera de él, posiblemente más de cuarenta. Si es por la pertenencia, es imposible no interpretarla en todo recital que protagonizamos. Si es por el modo como la gente la recibe, debo decir que es una especie de carga pesada que entregamos al concierto, porque deja al público casi postrado, algunos disimulan las lágrimas y otros las ostentan como trofeos, y ese clima se erige en un ida y vuelta que establece un momento muy difícil de remontar en una actuación. Pero sé también que la buena tristeza es positiva y las lágrimas nostalgiosas lavan y redimen; por eso, ese modo colectivo de compartir sentimientos y recuerdos al final nos deja como metidos dentro un abrazo gigantesco.
Pero "Romance de mi niñez” es más que todo eso. Es aquella "calle angostita” del viejo Barrio Rivadavia Sur donde fuimos primerizos gorriones de sol y rondas; la que moría en las viñas que se respaldaban en nuestra humilde casa, la última del barrio, cocina con fogones a leña y techo de madera, remiendos y manotazos de lágrimas y ausencias post terremoto. El vals es un escenario casi etéreo de todas las infancias, porque los símbolos y pinturas de la primera edad tienen la virtud de la coincidencia colectiva. Los sentimientos iniciales parecen ser un soleado potrero donde todos de algún modo nos hemos encontrado a patear lunas de tarros, revolcar pelotas de trapo, dibujar el cielo en la tierrita suelta de las trollas, y acariciar la pared desde donde caían figuritas con ídolos como ajados poemas de la tarde; buscar barriletes de lluvia, amordazar miedos inaugurales, extasiarnos cuando las niñitas acunaban bebés de felpa y murmuraban canciones de cuna casi inaudibles; ir reconociendo de entre el mundo que se nos tiraba a los pies las sonrisas y los gestos de los padres, mensajes fundacionales de esa gran catedral doméstica. Este "romance” caído casi casualmente en una canción, es emblema y escudo ante los infortunios, almohadita tibia ante los desvelos, corazón de organito ante los silencios. Gracias damos por habernos detectado de entre el mundo de los sentimientos.
