El comienzo de cada año parece abrir una nueva perspectiva de vida. Después, las cosas se reacomodan de una u otra manera y lo cotidiano emerge con una fuerza diferente, con la fuerza que va a caracterizar distintas actividades por largo tiempo. Se alimentan nuevos planes y o nuevos proyectos y este es la emprendimiento que unirá a muchos hombres como ocurre secuencialmente, aunque lo que sucede en el mundo y afecta a la generalidad ha dejado sobre la superficie de los hechos la perversidad humana y se puede hablar de una perversidad sin límites.
La gente celebra, tiene derecho a hacerlo, la gente espera y le asiste también el poder tener esperanzas. Pero, a la vuelta de la esquina, los titulares informan que Carmen de Areco está bajo el agua -no había defensas normales- el fallido atentando contra un vuelo de Northwest Airlines generó malestar entre los pasajeros y la red Al Qaeda asumió el intento terrorista y prometió atacar nuevos blancos occidentales, en tanto la Casa Blanca admitió fallas de seguridad. De allí que con más controles volar en EEUU es una pesadilla, dicen allí los diarios. Se abre en Yemen un tercer frente en su guerra antiterrorista. En Irán se intensifica la presión sobre los opositores. Y el kirchnerismo traba en la Auditoria General de la Nación duros informes contra el gobierno.
En medio de este maremoto informativo y de hechos que se comprenden y otros no tanto, mucha gente se hace preguntas más sencillas porque su objetivo es mejorar la vida diaria e incorporar a ella deberes que se compensen integralmente y traigan algo nuevo a su experiencia. El hombre no quiere quedarse atrapado en una red que él no armó (como la que se menciona en titulares) quiere que cada día sea un paso adelante, no uno para atrás tampoco quiere detenerse porque hacerlo equivaldría a respirar menos.
Hay algo que se debe aprender a tiempo. No se puede mirar con indiferencia lo que pasa en el mundo porque somos ese mundo en tiempo y espacio y aunque sea difícil acostumbrarse a la locura colectiva cuando se es cuerdo.
¿Se busca la felicidad aún en medio del desbarajuste de los hechos? Es probable. Una anécdota histórica. Cuando Indira Ghandi era premier de la India -país convulsionado por décadas- visitó Buenos Aires, en su agenda figuraba el Museo de Arte Moderno al que ella llevó un obsequio de su país. Cuando la directora del museo le agradeció repitió varias veces "la felicidad de teneros Señora". Indira estaba atenta al discurso oficial a través de su traductora y al terminar dicho discurso, Indira agradeció. Levantó majestuosamente su cabeza y dijo: "para nosotros señora la felicidad no existe, existe el bienestar interno".
Al día siguiente la mayoría de los diarios destacaron ese pensamiento en la nota sobre Indira Ghandi. Había entrado algo de la sabiduría de oriente a través de ese pensamiento, sólo algo pero lo suficiente como para alejar a los periodistas y comentaristas de las banalidades de siempre.
Hoy, pese a los desastres políticos, sociales y climáticos, mucha gente sigue atada a lo banal. No importa que el aumento de pobres se calcule en una escala de 5000 por día, que el trabajo en el orden privado haya disminuido según estimación oficial más del 3%, que las provincias no tengan dinero para enfrentar sus gastos en 2010. Importan cosas más banales como las disputas políticas ya sea en orden nacional, en las provincias y o en las municipalidades, los cargos públicos, el poder pero escrito con minúsculas.
Falta algo muy importante en el país que es la formación ciudadana. Ello hay que proyectarlo, hacer cursos, formar voluntades, estimular a los jóvenes para el ejercicio de la política. De ello se deberían ocupar los políticos serios y los partidos porque no se puede donar el tiempo a la improvisación y al desconcierto. Muchos optarían por programas serios aunque cueste un esfuerzo. Muchos tienen conciencia de ciudadanos con deberes a cumplir y muchos argentinos anhelan que las cosas públicas las maneje gente seria. Sí, muchos anhelan que las cosas públicas las maneje gente seria porque están cansados de comprobar diariamente que gente no idónea ocupa esos lugares por razones de política partidaria y ello, a la larga, resulta nefasto para el país, para las instituciones y para los ciudadanos.
Se impone una toma de conciencia social porque el país es casi robado ante los ojos de todos. No olvidar lo que sucedió con Anses desde donde se sacó dinero para varias finalidades -incluso para ayudar a una empresa privada- y no se le otorgó un aumento a los jubilados. No hay que permitir que el dinero del pueblo sea manejado de esa manera. El cuestionamiento debe ser severo porque desde el poder se hace esto a la vista de mucha gente. Se hace de manera altanera, sin dar explicaciones como si el pueblo fuera rehén de quienes así actúan.
