Científicos de Australia y Nueva Zelanda iniciarán el lunes próximo una expedición para demostrar al mundo que no es necesario matar a las ballenas para investigarlas. Los estudios inocuos del emprendimiento echarían por tierra la tesis japonesa de cazar anualmente centenares de ejemplares con fines "científicos", aunque la carne termina en platos gourmet de los mejores restaurantes nipones.

Peor todavía, los balleneros japoneses planean cazar este año 935 rorcuales aliblanco y 50 ballenas de aleta, siempre justificando la matanza en "fines científicos", de acuerdo a las aclaraciones de Tokio, que permite las capturas debido a un acuerdo con la Comisión Ballenera Internacional, que condena la actividad de los pesqueros japoneses. Pero Japón ignora esta veda y además exige que se levante la moratoria vigente para una caza mayor.

Los balleneros japoneses y los ecologistas neozelandeses y australianos se han enfrentado en varias ocasiones en los últimos dos meses, en aguas de la Antártida, por las acciones emprendidas por los grupos defensores de los cetáceos. Para la organización ecologista estadounidense "Sea Shepherd Conservation Society" (Pastores del Mar), la única forma de defender las ballenas es enfrentarse directamente con los balleneros japoneses, a diferencia de Greenpeace, que intenta crear conciencia en la opinión pública de Japón para que sean los propios ciudadanos japoneses quienes obliguen a su Gobierno a prohibir la caza de cetáceos.

Si la nueva expedición logra sus objetivos, y demuestra que es posible realizar los estudios sin matar a ningún animal, no existirán argumentos válidos para que el mundo acepte la depredación japonesa.