Muchas veces hemos oído decir que no es suficientemente conocida la obra de don Domingo F. Sarmiento para poner en marcha la República Argentina y modernizar el país a la altura de aquellos que él había descubierto en sus viajes por el mundo. Tanto que, si hoy viviera, no se conformaría con los avances de los que ya disfrutamos, sino que buscaría conectar definitivamente al país con el primer mundo generando, articulando o planificando un alto grado de desarrollo humano, estándares de vida superiores, óptimos servicios en educación, sanidad y esperanza de vida, de la mano de los mejores ejemplos conocidos y, sin ninguna duda, de lo último en nuevas tecnologías. Sólo con observar su vasta obra desde la presidencia entre 1868 y 1874, podemos advertir que su visión de adelantado lo empujó a unir rápidamente el país de norte a sur y de este a oeste con las redes de ferrocarriles, además de comunicarlo con el resto del orbe a través de la telegrafía, cuyas primeras experiencias se habían dado en 1838 en Reino Unido y Estados Unidos, lo que no tardó en asimilar cuando descubrió que su país podía dejar de estar aislado. Con ese espíritu trajo de EEUU aquellas recordadas 61 maestras primarias, creó las primeras escuelas normales, las de agronomía, arboricultura y de minas, y en su primer día de presidencia les otorgó igualdad de condiciones a las mujeres afirmando: "Mañana mismo deben tener los mismos derechos que los hombres". Pero, ¿qué sucede con su imagen de sanjuanino inmortal? Se sigue discutiendo, y eso no estaría mal si se hiciera desde el auténtico conocimiento de su paso por este mundo. Cuando se trivializan duras o polémicas frases suyas, dichas o escritas con malhumor, irritación o insatisfacción, algunas de las características de su personalidad, es necesario situarnos no sólo en la época en que le tocó vivir, sino informarse hacia atrás y hacia delante en cada caso para conocer correctamente sus propios reacciones y rectificaciones. Así, recordemos que el lema de su paso por la Casa Rosada fue "la presidencia de los gauchos", cuando años antes había escrito al presidente Bartolomé Mitre una frase ofensiva para ellos, por la entonces aparente falta de compromiso de los incipientes gauchos con la república. En sus 77 años de existencia y desde ese controvertido perfil, habitó en aquella Argentina bárbara con el 75% de pobreza y más del 70% de analfabetismo, dramas que marcaron la existencia de Sarmiento y la de sus contemporáneos, resistiéndose como ninguno a pasar por este mundo sin tratar de superar con urgencia ese enorme retraso para su país. No hay que olvidar que, mientras luchaba por imponer una "verdadera democracia" en el país, fundó 800 escuelas, logrando rápidamente que el número de escolares pasara de 30 mil a 110 mil y se abrieran colegios nacionales de enseñanza secundaria en San Luis, Jujuy, Santiago del Estero, Corrientes y Rosario.
