Con el fin de delinear el rumbo económico y político de los próximos años, el Partido Comunista de Cuba realizó su VI Congreso, que por primera vez se ha celebrado sin Fidel Castro. Con el habitual estilo opaco de sus discursos, Raúl Castro dejó entrever que el país atraviesa una grave crisis económica de la que hay que salir.
Si bien negó que el modelo castrista apoye terapias de choque propias del capitalismo, precisamente en 2010 se pusieron en práctica medidas drásticas como el recorte de medio millón de empleos públicos que han llevado a unos 200.000 ciudadanos a convertirse en empresarios por cuenta propia sin los recursos ni la infraestructura necesarios para competir en una tímida economía de mercado. Pero Raúl Castro ha sido contundente y severo ante los casi 1.000 delegados presentes. Para salvar la continuidad e irreversibilidad del socialismo se han discutido 311 lineamientos del actual proyecto. Las jornadas del partido gobernante, supuestamente democráticas y participativas, han definido las propuestas fundamentales que reflejan las necesidades de los cubanos. El presidente ha mencionado por orden de importancia una serie de capítulos relacionados a la insatisfacción con las políticas sociales, de vivienda, transportes, precios y salud pública.
Pero el tema que más preocupa a la población -un serio problema para el régimen-, es la posibilidad de la desaparición de la Libreta de abastecimiento. Raúl Castro es consciente de que un gran sector teme una mayor escasez si de pronto ni siquiera cuenta con los alimentos básicos que malamente recibe desde 1962: un temor fundado porque los precios de los alimentos importados aumentarán este año un 25% más de lo previsto debido a la suba de precios en el mercado mundial. Sin embargo, reafirmó que habrá más despidos en el sector público y la reducción de la plantilla estatal continuará sin prisa pero sin pausa.
En suma, más de lo mismo si se tiene en cuenta que el propio Raúl Castro ha admitido que, desde el primer congreso que tuvo lugar en 1975, nunca han conseguido cumplir las expectativas. Como era previsible, sin una sola mención a una eventual transición o apertura política, este nuevo congreso ha logrado reavivar en los cubanos las crónicas desilusiones que padecen como víctimas de un régimen opresor y autoritario.
