Con el propósito de incentivar el uso de transportes ecológicos y atenuar la congestión del tránsito automotor, en 14 grandes ciudades del mundo como Nueva York, París, Londres y Buenos Aires -primera en Latinoamérica-, se está imponiendo el servicio de bicicletas públicas, gratuitas en unas o de muy bajo costo en otras. El martes pasado comenzó el préstamo de bicicletas en el macrocentro de Rosario.
Esta evolución del transporte personal, saludable y amigable con el ambiente, se complementa en las rutas con sentido recreativo y, como en San Juan, un deporte multitudinario en la temporada de ruta. Estos escenarios requieren la infraestructura adecuada para evitar accidentes donde el ciclista es el más perjudicado por su indefensión en el tránsito vehicular y, por otra parte, generar conflictos con los peatones si utilizan veredas o paseos céntricos.
La solución es la bicisenda, o ciclovía, sinónimos si nos remitimos a las etimologías, aunque para los especialistas son dos cosas diferentes en el sentido práctico. La bicisenda es un sector demarcado en un costado de una calle o avenida, siguiendo el sentido del tránsito y para circulación exclusiva del ciclista, en tanto la ciclovía está separada físicamente del resto de la calzada con cordones de cemento, que también pueden aprovechar otras zonas como atajos, caso de áreas parquizadas.
Los pro y contra de estos espacios exclusivos para los rodados menores son financieros: los costos difieren entre señalizar los espacios de circulación o realizar senderos especiales que, además de los cordones de hormigón armado, pueden requerir puentes y otras obras para impedir la invasión de otros vehículos y a la vez no interrumpir el tránsito peatonal. Pero también toda obra que se encare para agilizar este desplazamiento debe responder a un plan estratégico del uso de la bicicleta. Al respecto, los 140 kilómetros de la red porteña, que comenzó a construirse en 2009, buscó integrar los centros de trasbordo de la ciudad, universidades, escuelas y hospitales, entre otros puntos prioritarios.
Basado en estas premisas, San Juan debe contar con sistemas de ciclovías urbanas y rurales para canalizar el uso seguro de la bicicleta y pensando en servicios comunitarios como en las grandes ciudades. Además, hay proyectos viales trascendentes como las autopistas que conectarán nuestra ciudad con Caucete y Albardón que deberán disponer de carriles exclusivos para el ciclismo recreativo y de traslado.
