El paralizado emprendimiento minero binacional de Pascua-Lama, ubicado en el departamento Iglesia a la altura de la Tercera Región chilena, podría reactivarse según declaraciones del presidente de Barrick Gold, una noticia que crea grandes expectativas para la economía sanjuanina y también numerosos interrogantes para conocer cuál es el estado de cumplimiento de las exigencias ambientales impuestas por la Justicia de Chile a la firma canadiense.
De acuerdo a las palabras de Kelvin Dushnisky, la multinacional se encuentra analizando opciones de trabajo alternativo, como el de construir una mina abierta más chica, o una subterránea en el lado argentino; después una similar en el lado chileno y adelantar la construcción y puesta en marcha de la planta de refinación. Con estas obras funcionando, la empresa obtendría los recursos financieros para avanzar en la ejecución del proyecto definitivo.
Sin duda Barrick busca recuperar los 8.500 millones de dólares que lleva invertidos en el frustrado yacimiento, generando un gran impacto en la economía de San Juan, en particular como fuente laboral directa y de servicios tercerizados, desde mayo de 2013. Pero no parece fácil apuntar al diseño original de Pascua Lama por el cepo puesto por la Justicia chilena tras comprobar las irregularidades ambientales denunciadas por los lugareños, motivo de una condena que obligó a la paralización de los trabajos con una multa de 16 millones de dólares. Pero dos años después, en 2015, se reabrió el caso al encontrarse más incumplimientos y por ello se espera una nueva sanción monetaria.
Por ahora no existe comunicación oficial de la compañía al Gobierno de San Juan ni otra forma de conocer precisiones, pero los expertos sostienen que tal como se proyectó Pascua Lama no será fácil introducirle modificaciones y, en el mejor de los casos, deberá pensarse en dos años más -de resolverse ahora un nuevo marco regulatorio- aunque es importante recordar que las instalaciones iglesianas alcanzan un alto grado de ejecución. A todo esto se debe agregar la efervescencia del ambientalismo ideológico antiminero que ya está utilizando las redes sociales para juntar firmas que obliguen a las autoridades nacionales a cerrar definitivamente todos los yacimientos metalíferos cordilleranos.
