Las formaciones políticas partidarias de la independencia obtuvieron en las elecciones catalanas del 27 de septiembre la mayoría absoluta en escaños: "Juntspel Sí" sumó 62 y la "Candidatura d’Unitat Popular"(CUP), otros diez. Entre ambas agrupaciones alcanzaron 72 escaños en el Parlamento de Cataluña, cuatro más de los 68 necesarios para asegurarse la hegemonía. Sin embargo, no superaron el 50 por ciento de los votos.
Estas dos formaciones obtuvieron sus mejores resultados en las provincias menos pobladas, sobre todo en Girona y Lleida, que relativamente eligen más diputados. En cambio, los partidos no secesionistas se impusieron con claridad en Barcelona, provincia que concentra el 75% de los sufragios pero solo reparte el 60% de los escaños. La situación que han dibujado estas votaciones es compleja. Si la CUP se abstiene, como ha anunciado, el resto de las fuerzas con representación parlamentaria podrían sumar sus votos en contra e impedir la investidura del actual presidente de la Generalitat.
Para situar en sus justos límites los resultados de estas elecciones, conviene tener presente en clave jurídica, que no fueron plebiscitarias, sino simplemente autonómicas. Por lo tanto, los resultados van a servir jurídicamente para repartir los escaños del citado Parlamento. No pueden producir ningún otro efecto que el de asignar allí los puestos a los candidatos contendientes en las elecciones. Y en este ámbito la fuerza más votada fue Juntos por el Sí que obtuvo 1.617.875 votos.
Pero desde la óptica política, las conclusiones son que el proceso electoral último vulneró la Constitución para determinar el futuro de Cataluña como nación independiente. No votó el titular de la única soberanía que existe que es la del pueblo español en su conjunto. Si se tomaran estas elecciones como "plebiscitarias\’\’, como por "plebiscito\’\’ se entiende según el Diccionario de la Real Academia Española: "resolución tomada por todo un pueblo a pluralidad de votos\’\’, el pueblo catalán votó mayoritariamente que no quería la independencia. En porcentaje de voto, aproximadamente el 52% voto en contra de la independencia y sobre el 48% votaron a favor de la independencia.
Hacer el recuento de escaños, en el que tienen mayoría los soberanistas, es otra anomalía más, porque no hay plebiscitos de escaños parlamentarios sino únicamente de ciudadanos. Y la mayoría de ellos se pronunció por el no. Ahora se trata de salvaguardar el bien común y reconocer los derechos propios de los diferentes pueblos integrados en la unidad histórica y cultural llamada España.