A pesar de poseer un horizonte preñado de posibilidades y oportunidades, con una capacidad de resiliencia demostrada en tantos acontecimientos nefastos en las últimas décadas, la sociedad se encuentra nuevamente expuesta ante los tristes y dolorosos sucesos que nos toca vivir en estos días.
Ortega y Gasset habla en sus libros del hombre desmoralizado, el hombre con la moral caída. Ante los acontecimientos que transitamos nos preguntamos por qué nos comportamos como lo hacemos, la mayoría de las veces distanciados de la deliberación y la tolerancia para el que sentimos diferente a nosotros ("extraños morales” de Enghelgard).
Los sucesos actuales traen y reactualizan "negras” memorias, negaciones e inciertas y contradictorias informaciones nos privan conocer que está pasando. No es una búsqueda morbosa, quedamos a merced de "espías y contraespías” ocultos en la intemperie, sin identidad, tornándonos paranoicos hasta de nuestra propia sombra. Cada día, nos despertamos esperando un nuevo frente, un nuevo rumor, una peor noticia, un nuevo escándalo, hechos que resienten los principios morales básicos y que empujan a la sociedad al oscuro pozo de la desmoralización y la desesperanza .
Una sociedad desmoralizada, expuesta a daños, abusos y perversiones está afectando seriamente la salud mental de la ciudadanía. Muertes reales y otras silenciosas y silenciadas sin nombres, sin ritos mortuorios y continuamos viviendo con el peso del agobio por vivir ("vivir como si se viviese”).
Hoy convivimos con personas sin sentido trascendente y escuchamos y asistimos a otras con agudas crisis de pánico, estrés agudo traumático y depresión que ensamblan, entre otras cosas, con lo oscuro e intrincado de la muerte, apareciendo difuso el valor de la vida, quedando un vacío inexpresivo con desgarradores sonidos internos.
Estrategias específicas nos enseñan magistralmente lo increíble del cerebro, de sus funciones, del comportamiento y de la ética ("cerebro ético”) enfatizando primordialmente el respeto por los derechos y la dignidad humanos. No puede existir diálogo sin diversidad de interlocutores. Política, democracia y libertad son puntos ineludibles del mundo ético. ¿Somos libres (lo necesario), para la vida moral, política, económica, científica y religiosa? O las estrofas de nuestro himno "sean eternos los laureles que supimos conseguir” quedan hoy como expresión de deseo.
¿Qué hacemos, qué modelos de afrontamiento damos a nuestros niños y jóvenes? ¿Qué sucede cuando hay desnutrición educativa, afectiva y alimentaria? ¿Cómo educamos sin adoctrinar cuando el límite entre lo que se debe o no se debe hacer entra en una niebla absoluta? Immanuel Kant en su Pedagogía dice "el hombre llega a serlo por la educación, lo que educa le hace ser”.
Como ciudadanos, padres y agentes de salud, cómo responder (respondo: responsabilidad) ante estos modelos de mentiras y fraudes que imperan e intoxican. Uno de los pilares bioéticos en nuestra praxis diaria de agentes de salud mental es no hacer daño ("primun non nocere”) y ante esta ausencia de valores nos animan las palabras de nuestro querido Jaime Barilko "los valores no se pierden se extravían”, por lo que urge impulsar los cambios precisos para recuperar la confianza, la moral y exigir aplicar sus principios cada día (ética aplicada). Si el lenguaje es el rasgo universal de los hombres, la invitación primordial es al diálogo respetuoso para poder aportar al cuidado de la dignidad humana, al valor de la vida de todos por medio de la deliberación y la tolerancia, sin focalizar encarnizadamente en el nosotros y los otros diferentes.
A pesar del extremo horror existe en el hombre un espacio de libertad interior que le permite encontrar un sentido y elegir su destino sin abandonarse a la desesperanza. Que cada uno sea responsable de la Ética de sus actos por muy condicionado que se encuentre a la hora de tomar decisiones. Debemos consolidar, propiciar un hoy y un futuro activo y comprometido. Respeto, dignidad y derechos humanos conjugan con libertad y resiliencia y con el alerta permanente para que "no nos roben la esperanza” (P. Francisco).
(*) Presidente (**) Secretaria científica.
Capítulo Ética y Psiquiatría de la Asociación de Psiquiatras Argentinos APSA.
