Una sociedad desprovista de aprendizaje en afectos y muestras de amor, recae en una apatía que puede llegar hasta el ensañamiento. Los que se vienen realizando sobre la creciente violencia, proponen soluciones a través de un esquema de castigos y sanciones, o propuestas de cambios sociales o políticos que no toman en cuenta el aprendizaje en afectos y muestras amistosas que recobren la confianza en la convivencia pacífica.
Se necesita un enfoque de respuestas inmediatas que aporten soluciones en puntos fundamentales a tener en cuenta, pues, una comunidad que deja de lado afectos y actitudes solidarias, recae en la desatención o los enfrentamientos. Por eso se debe comprender que al no haber afecto de por medio en las relaciones laborales, familiares e íntimas, existe un desconocimiento de la dimensión por el compromiso personal. Pretender que unos y otros acierten sobre lo que se siente o supone, no significa que realmente se reconozca el aprecio y menos aún el propio pensar.
La ayuda factible que se pueda dar o recibir, necesariamente debe ir acompañada por un tiempo que a largo plazo garantice la relación o amistad emprendida, de lo contrario tal vínculo no existe. Si se observa que el afecto es propuesto o retribuido por la otra parte, el propósito debe manifestarse por demostraciones que no caen en un facilismo sino en una demostración de compromiso permanente.
Si una persona está con alguien, hay que reconocer que por el solo hecho de permanecer existe compañía, que de evitarse o ser efímera, por falta de constancia, no sería oportuno mantenerla en el tiempo. Pensar en vivir mejor es nuestra meta, actuar es responsabilidad de todos.
