El territorio de Sudán del Sur vivió el pasado 9 de julio el tan esperado día de su independencia de Sudán, convirtiéndose oficialmente en el país número 54 del continente africano y en la nación 193 del mundo. En la solemne ceremonia, que se celebró en la capital, Juba, ante el mausoleo del líder independentista John Garang, que murió en un accidente de helicóptero en julio de 2005, participaron decenas de miles de personas, formando la más numerosa concentración humana jamás vista en esa ciudad situada en las orillas del Nilo Blanco.

El culmen del evento institucional llegó cuando se recogió la bandera sudanesa y se izó la flamante de la República de Sudán del Sur, que después de Eritrea, en 1993, es la segunda nación africana nacida de una cruenta secesión. La independencia de Juba fue precedida de una larga y sanguinaria guerra civil entre el norte musulmán y el sur animista y cristiano que hizo explosión en 1955 y duró con una pausa de 1972 a 1983, hasta la firma del Acuerdo General de Paz, el 9 de enero de 2005, que posibilitó la creación de un nuevo país. Se calcula que la segunda fase de la guerra civil ha causado casi 2 millones de víctimas y más de 4 millones de desplazados en ese territorio conflictivo.

Los retos que esperan a esta nueva nación africana, una de las más pobres del mundo, tan grande como España y Portugal juntos, son enormes. El primer desafío es el de la seguridad exterior e interior. Para muchos expertos, el verdadero enemigo de Sudán del Sur se esconde, de hecho, dentro del país, y son la corrupción y las divisiones étnicas. Luego están los espinosos asuntos de las fronteras con Sudán, la deuda sudanesa y sobre todo el del petróleo. Mientras que la mayor parte de los yacimientos sudaneses, al menos el 75%, se encuentran en el territorio del sur, la infraestructura para la exportación del oro negro se ha quedado en manos de Jartum.

Para su desarrollo, Juba tiene, quizás, un sorprendente as en la manga: podría convertirse en un destino para los amantes del safari. Mientras tanto, la prioridad absoluta es la creación, casi de cero, de un sistema sanitario y educativo. Con una población igual a la de Milán y Roma juntas, el nuevo país africano tiene menos de 499 chicas diplomadas en la escuela superior, un niño sobre diez muere antes de cinco años y una mujer sobre diez muere durante o después del parto, con lo cual el presente exigirá mucho esfuerzo para tener promisorio futuro.