SEGUNDA NOTA

Desde hace cientos de años se vienen utilizando millones de animales no-humanos en experimentos científicos de todo tipo, cuyas principales aplicaciones son la industria militar, la medicina y la cosmética. Tal como se desprende de recientes estudios científicos, se puede aseverar que los animales utilizados en dichos experimentos sufren dolor, placer, ansiedad, miedo, alegría o deseo, y que el abismo que los separa de los seres humanos es "sensiblemente inferior a lo que se pensaba".

Este solo hecho resulta suficiente para acabar definitivamente con todos los experimentos con animales no-humanos.

La cultura humana ha evolucionado enormemente. Hoy no se nos ocurriría llevar a la hoguera a aquellos que no profesen nuestra fe. Aún los medios de ejecutar la pena capital se han vuelto rápidos e indoloros. Se desarrollan permanentemente técnicas de investigación novedosas, apelando a los más sofisticados recursos informáticos, modelos matemáticos, biotecnología y microbiología. Entonces, es hora de reflexionar: ¿es necesario torturar y matar animales con fines científicos? Veamos.

Cosméticos: Antes de que compremos nuestro desodorante, jabón o maquillaje, cada producto puede haber pasado por pruebas en animales que resultan mutilados, intoxicados, quemados, gaseados o sacrificados. Este martirio no sólo no es necesario, sino que la Unión Europea ya ha emitido la Directiva 2003/15/CE cuyo objetivo es la abolición de los experimentos en animales con fines cosméticos. Por supuesto que existen trabas a su aprobación por parte de las grandes multinacionales e instituciones económicas poderosas, pero la amplia mayoría de los estados miembros apoyan su implementación.

Industria militar: Si bien la información acerca de cuántos animales se sacrifican para la experimentación militar es top secret, puede calcularse en millones. Allí se prueban todo tipo de armas, misiles, agentes químicos y biológicos de guerra, hasta explosiones atómicas. Estos experimentos pueden ser agudamente dolorosos, repetitivos, costosos y poco confiables. Además, son ineficientes, pues la mayoría de esos efectos rara vez pueden ser extrapolados a humanos.

Medicina: Ésta es la aplicación con más aceptación social. Quizá por el prejuicio de que un experimento realizado en un animal puede salvar a un niño enfermo. Este prejuicio especista (a favor de la especie humana) nos nubla la vista y nos lleva a creer que el valor de la vida animal está supeditado al valor de la vida humana.

Más allá del sufrimiento real y pavoroso de los animales, existen otras razones para la innecesariedad de estos experimentos. El más importante: las divergencias fisiológicas entre todas las especies animales, que impiden la fiel extrapolación a nosotros, los animales humanos. Un mismo medicamento -como la aspirina, por ejemplo- produce efectos totalmente distintos en humanos, para quienes es un analgésico relativamente seguro y efectivo, y los gatos para los que puede ser mortal.

La penicilina es un antibiótico muy utilizado en humanos, pero mata a los cobayos aún en pequeñísimas dosis. El arsénico es muy peligroso para los humanos, y casi inocuo para ratas, ratones y ovejas. La insulina, indispensable para los humanos diabéticos, provoca deformaciones en ratones, conejos y pollos.