El papa Francisco está dando muestras de manifestaciones de fe significativas en estos tiempos haciendo resaltar justamente la voluntad de Cristo y los signos visibles de Paz. Desde este punto de vista Francisco está destacando dos componentes fundamentales de la unión entre los hombres en cuanto a la orientación misma de la fe en torno a la Religión superando al mismo ecumenismo y al diálogo interreligioso.

La tendencia actual de restaurar la unidad de los cristianos apelando a hombres de buena voluntad, ha sido, es y será uno de los objetivos fundamentales de la Iglesia como también se expresara en el evangelio de (Juan 17:21) "…para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”. (Reina-Valera) 1960 (RVR1960). Ya el mismo apóstol evangelista expresaba del mismo Jesús y en concordancia "Yo y el Padre una cosa somos” (Juan 10:30). Por ello, el Papa Francisco en todas sus visitas por el mundo va dando testimonio de esta gran verdad y consecuentemente con ella la ejemplariza mediante el diálogo con otros credos.

Sin embargo tales acciones son calificadas o apreciadas por el mundo sociopolítico y el de la comunicación como importantes gestiones políticas, cuando las mismas solo pretenden acercar mandatos del espíritu que obra en cada fin del hombre.

Si cada gestión que realiza la Iglesia tuviera específicamente implicancias políticas, la libertad obrada por el mismo Espíritu Santo no sería tal. Lo que sucede es que el mismo ecumenismo y por ende el diálogo interreligioso está siendo superado por el mismo fin del cristianismo en cuyo propósito la voluntad de unión en Cristo indefectiblemente es la unidad.

Es verdadero el hecho de que cada personalidad de diferentes estratos religiosos como también del político trazan metas de superación en las divisiones entre los hombres y los Estados, pero no es menos cierto que tales, no están sujetas a la simple voluntad del hombre quien de alguna forma debe traducir ejemplarmente la voluntad del mismo Cristo. De no ser así, al decir de Pablo, "…vana sería nuestra fe”.

Francisco está refundando un nuevo milenio al cual llamaría "el Siglo del Espíritu Santo”. Por ende las acciones del mismo hombre se verán necesariamente comparadas a las realizadas por el mismo Cristo, la de completar su obra en la Tierra.

(*) Filósofo, pedagogo, escritor.