No se puede apagar el principio de razón y justicia. Los procesos sociales y signos de los tiempos ponen en evidencia la necesidad de educar en política, pues la verdadera independencia del saber está en el respeto por la ley y la verdad y no en el criterio del hombre o en su poder discrecional.

Con cierta regularidad hombres de bien, rectos de corazón y sensatos en la realidad, son víctimas de un sistema que para poner las cosas en su lugar y resolver cuantos problemas le acucian, no da soluciones inmediatas a la falta de seguridad, la anhelada justicia, ni trae paz al corazón. Es que decenas de ellos no sólo deben resguardar la familia sino que además deben conservar los trabajos y resistir las injusticias que en el seno de la administración pública o en las esferas privadas privan al hombre de sus auténticos derechos. Tal es así que el hombre angustiado, ávido de razón y justicia comienza el triste penar por los caminos de recursos y presentaciones legales que hacen caer sus posibilidades económicas cuando no quebrar su voluntad en procurar el cumplimiento de la ley.

Es tiempo de filosofía, de reflexión, tiempo de educar en política, tiempo de un acto cívico por el que la responsabilidad se corresponda con el contenido ético, de justicia y de verdad. Por consiguiente, quien educa ejerce una acción tal que reclama un ajuste de la política a los contenidos de justicia y requiera del pueblo el cumplimiento de sus deberes y de los gobernantes, la observancia de la ley.

Muchas instituciones se han creado para acordar en los derechos de las personas al mismo tiempo que en absurda forma y contradicción hacen dilatar y extender la solución de problemas creando un velo que no permite hacer ver al simple ciudadano la eficacia en la asistencia de justicia.

Ese hombre común, vulnerado en sus derechos, acuciado por la situación laboral que enfrenta y temeroso por la falta de seguridad una y otra vez, recurre a Los Derechos Humanos o quizás a La Defensoría del Pueblo o tal vez al Inadi (Instituto Nacional contra la Discriminación), a encontrar solución a sus problemas, resguardase en la ley y requerir el respeto por sus derechos. Sin embargo, recibe a cambio una "justicia virtual” que según estos organismos y quienes los dirigen, suman a la causa pero en realidad no representan la justicia misma. En sus dictámenes o resoluciones, recomiendan a los funcionarios y emiten providencias las que ningún organismo oficial en la mayoría de los casos está dispuesto a tomar en cuenta. Luego, va pasando el tiempo y los reclamos se dilatan cuando no se pierden porque ellos saben y todos sabemos que antes que hacer frente a las adversidades, primero está la familia, la salud y el bienestar, la tranquilidad y la razón o tal vez aún más, el conocimiento.

En los tiempos que vivimos, donde las injusticias son notorias e innumerables, el ciudadano común debe intentar y tratar de alcanzar un mayor conocimiento, tener una mejor preparación o por lo menos, saber advertir sobre la eficacia en sus necesidades y directamente recurrir a la justicia sin perder tiempo, sin dar tantas vueltas porque la solución que necesita "es ya”, no mañana o pasado o buscando mediadores inoportunos o creyéndose amparado por quienes no viven su problema.

A ese ciudadano común, le decimos y le educamos como tal para que interprete su "Tiempo de Filosofía” y encuentre un momento para la reflexión de manera tal que pueda dar pasos seguros e inmediatos efectivos y eficaces sin que nadie lo demore porque sus necesidades son el aquí y el ahora y que difícilmente quien no las vive las comprenda.

El hombre puede reconocer lo que es justo y acceder a la idea de la justicia por reflexión, experiencia y razón. El individuo justo es aquel que usa su razón según la verdad, que tiene fortaleza y valentía y que actúa con moderación. Sin embargo, si es ignorante no puede salir de la oscuridad en que está sumergido por falta de conocimiento. El Estado puede ser justo cuando está dirigido por personas sabias, porque la justicia se percibe con el entendimiento y no con los sentidos o presunciones personales. Siempre el factor determinante es la ley y no el simple criterio del hombre de ajustar la ley, pues la condición de igualdad no requiere de su interpretación sino de su cumplimiento.

(*) Pedagogo. Orientador Escolar en Educación Familiar y filósofo.