El verdadero acaecer de cada persona está en su actuar de por sí, cuando ese actuar es producto genuino de su auténtica personalidad -con sus alcances y potencias-, en tanto se transite el camino correcto del propio destino: Esto, aplicado a Jorge Leonidas Escudero como imagen de exaltación humana y poética, lo ubica singularmente como protopoeta de magnífica realización. Quien como él viven en completez, se diferencian de los demás por el acervo de la vida cultural y moral que se produce y acrecienta en ellos, acumulación de aptitudes de congénito origen que acaecen durante su existencia, implícitas y formativas de manera indeleble.
En estos días, es congruente dar relieve y trascendencia a dos fechas que, dentro de este lapso, se significan como hitos mayores en la existencia de Escudero: protagonista en el tiempo y en el hacer, de primero "enfrenta” la presencia palmaria de sus noventa años de vida, nueve décadas transitadas con esbeltez de alma y denuedo eclosivo, que se presentan "rendidas” tal prueba inequívoca de la "tamañez” de su caletre, transformador, éste, de convencionalismos, empequeñecimientos o desvirtuaciones de la poesía, cuando salta a una creatividad insospechada, introducida por primera vez en la poemática, y dando con ello nacimiento y vida a un género de expresión que se vuelve retórico, asimilable y diciente, por compaginación aledaña inducida como derivación contractiva de la voz misma del idioma.
Después de su primer libro, publicado en 1970, hasta hoy, aunados están vigentes los cuarenta años transcurridos -el otro gran hito de Escudero-, donde todas las perspectivas proyectadas desde su vastedad humana convergieron y cristalizaron en veintitrés libros y tres antologías.
Desde que Escudero buscaba en nuestra áspera cordillera la veta aurífera que lo desvelaba, hasta el sobresaliente momento de recibir de la Universidad Nacional de San Juan el doctorado honoris causa -conferido por relevantes merecimientos concernientes a su quehacer poético-, paulatina e insensiblemente nuestro primer poeta fue adentrándose en la brillantez de lo legendariotados con rutilantes verdades, hasta devenir en héroe fantástico de la poesía, por administración y exaltación de sentires, emocionales y temperamentales, hacia su persona.
A más de complacencia necesitada, a más de abrirse al mundo en impulso irrefrenable, escribir denota en Escudero la presencia latente de empujes ancestrales, inquietas y vivaces imágenes que lo acucian permanentes para poder darse a luz. Versos autivos los suyos, al plasmarse semejan intimidades confesionales de un ermita: He aquí la purísima esencia creadora del inigualado poeta. Ese desborde de latitudes emblemáticas en la poesía, es su gesto abierto, pleno y oferente -una dádiva señorial-, hacia aquel tipo de cultura -por simple que fuere- que desde el fondo de su latido induce al enaltecimiento del espíritu.
Atañe a la posteridad "creyente” que recibe y transmite frecuencias perennes del vivir, continuidad en la elaboración de la memoria cierta, aplicada con largueza a las personas que llegan a estar en el podio de los laureados: En ese pódium, ocupando el eminente lugar que por su notabilidad merece, yérguese la figura de Jorge Leonidas Escudero, poeta manso del decir profundo, ámbito único, persona única donde permanece engendrada la siempre presente verdad de su carismática vida.
