La canonización por el papa Francisco de Vincenzo Grossi, italiano, nacido en Cremona el 9 de marzo de 1845, pasó por todas las rígidas etapas que prevé el Vaticano. Uno de los siete hijos de Baldassarre Grossi y Maddalena Cappelini dejó una sensible huella en la Iglesia. Fallecido el 7 de noviembre de 1917, el proceso comenzó en 1954 bajo el pontificado de Pio XII, quien le otorgó el título de Siervo de Dios. A su vez, Pablo VI reconoció la virtud heroica en su vida y lo proclamó venerable en 1973. Como el primer caso, fue validado por un milagro atribuido a la intercesión del padre Vincenzo, muy pronto llegó su beatificación, el 1 de noviembre de 1975. Años después protagoniza otro milagro, que tras ser aprobado por el papa Francisco, posibilita su canonización, el 18 de octubre de 2015. En su vida de sacerdote fue párroco y vicario en dos pueblos donde se dedicó a los pobres y a la juventud en especial, y en esos espacios comenzó a contar con un grupo de formadores en cada parroquia, hasta llegar a fundar desde esa base, las "Hijas del Oratorio", con la ayuda de Ledovina María Scaglioni. Se trata de una congregación religiosa católica femenina con derecho pontificio, con 24 casas ya presentes, además de Italia en Ecuador y Argentina con el eslogan de "Instruir a la juventud". Desde el primer momento esta hermandad estuvo regida por las "reglas de San Felipe", el santo llamado "Apóstol de Roma" quien había creado, cuatro siglos antes, la cofradía de los pobres, para ocuparse de peregrinos y convalescientes por medio de la educación católica en colegios, oratorios y retiros espirituales.


