El último fin de semana la actual generación ha sido espectadora de una ceremonia nunca antes vista en la historia de la Iglesia Católica romana, la inédita jornada denominada de "los cuatro papas”, en la que el papa Francisco consagró santos a sus dos predecesores, Juan XXIII y Juan Pablo II, junto al papa emérito Benedicto XVI. Fue una ceremonia religiosa única en el Vaticano con el marco imponente de un millón de peregrinos llegados de todo el mundo para asistir a una misa concelebrada por los prelados junto a 150 cardenales y 700 obispos en un encuentro de profunda significación.
Jorge Mario Bergoglio, el Pontífice que nadie esperaba y llegó "del fin del mundo”, como calificó a su elección el 13 de marzo del año pasado, ha sorprendido y cautivado con un estilo austero y el mensaje sencillo y muy profundo a la vez, que lo acompaña en su intensa tarea de renovar la Iglesia y devolverle protagonismo al catolicismo en la escena internacional.
Al cabo de un año, el Papa argentino que se deja abordar por la gente, que toma el teléfono para contactarse con los fieles y tiene 13 millones de seguidores en nueve idiomas en Twitter, fue cautivando a la gente, incluso a los no creyentes o de otros credos, gracias a su austeridad como estilo de vida, sin ser absorbido por el tradicional sistema del la Santa Sede. También para preservar su independencia y mantener margen de maniobra frente al duro aparato burocrático y conservador que busca desmantelar.
Como ha escrito Barack Obama, Francisco es un líder mundial por sobre todas las cosas. "Su Santidad nos ha movilizado con su mensaje de inclusión, especialmente con los pobres, los marginados y los excluidos. Pero ha sido en sus acciones, su comportamiento, sus gestos desde un principio simples y profundos -abrazar a los enfermos, asistir a los sin techo, lavar los pies de jóvenes prisiones- que nos han inspirado a todos”, observó el presidente estadounidense, instando a seguir su humilde ejemplo.
Encuestadoras internacionales han auscultado este cambio. La confianza en la Iglesia en el continente había caído sin pausa desde la década del 90, hasta llegar a un 64% en 2011, pero desde entonces, y en coincidencia con la elección de Francisco, la cifra repuntó hasta 73% el año pasado. Y en cuanto a estabilidad, el número de personas declaradas católicas en la región bajó 13 puntos entre 1995 y 2011, del 80% al 67%; el año pasado.
Es que la actitud pastoral de Francisco con la insistencia en lo central del mensaje evangélico -el amor y la misericordia- han logrado en tiempo récord el milagro de borrar la imagen de una Iglesia como institución anquilosada, alejada de la gente y absorbida por crisis y escándalos.
