En un verano caracterizado por jornadas muy calurosas, el escenario social y político del país afronta un recalentamiento determinado por el rebrote inflacionario desde fines del año pasado; presiones salariales de distintos sectores gremiales y las acostumbradas acusaciones cruzadas a las que nuestros gobernantes y dirigentes sectoriales nos tienen acostumbrados.
Es un hecho que la inflación está pegando fuerte en los bolsillos de la gente, especialmente de los asalariados que ven como el sueldo no alcanza para llegar a fin de mes. Pero también es cierto que la solución a este mal no está en la suba descontrolada de los salarios y críticas generalizadas en distintos sentidos de todos los sectores. La salida está en la búsqueda de un equilibrio entre los gastos de gobierno, el nivel de los precios y las pretendidas recomposiciones de los haberes, y la búsqueda de un diálogo que parece tan difícil en nuestro país.
Intentar que la inflación pase desapercibida señalando que responde a un "reacomodamiento de precios", como dijo el ministro de Economía, Amado Boudou, o que el precio de la carne sube porque "llovió mucho", como se encargó de afirmar la Presidenta, es provocar al sindicalismo para que salga a reclamar un aumento generalizado de salarios valiéndose de una situación innegable. Por otra parte, es obligar a los dirigentes de los movimientos sociales y de los sectores de la producción como el agropecuario a descalificar las acciones de gobierno señalando que no se ajustan a la realidad de un país que no está siendo administrado correctamente.
Toda esta convulsión se traduce en un inicio de año incierto, en el que debería prevalecer un clima más calmo, sin enfrentamientos estériles que lo único que hacen es perjudicar el normal desarrollo de las actividades, en un país que necesita trabajar para consolidar el desarrollo que todos anhelamos, especialmente en el año de su Bicentenario.
Entre las confrontaciones más ásperas que se han dado en estos últimos días está la del dirigente sindicar Hugo Moyano contra funcionarios del Ministerio de Economía por el tema de la inflación; la del senador Carlos Reutemann contra el oficialismo en torno a la corrupción y la del líder piquetero Luis D’Elía por los planes sociales. De cada uno de estos planteos se están sucediendo lógicas derivaciones, como la de los gremios de la educación que siguiendo los pasos de Moyano y sus camioneros en la exigencia salarial -que no se sabe si podrá ser satisfecha- hacen muy dificultoso el inicio de un ciclo lectivo.
Es evidente la falta de sensatez en varios sectores, en el afán de llevar agua a su molino sin tener en cuenta el bien común de un país que no logra salir de un esquema lamentable alentado por su propia dirigencia.
