La vida en los filósofos existencialistas óptimos es una posibilidad en la que alguien puede perder o ganar. Pero, solo el vivir a pesar de los problemas resulta el verdadero coraje para superar toda angustia.
Tal vez para el lector profundo, casi como un "último mohicano”, mis anteriores notas fueron crudas. Quizá serias, muy filosóficas, pesimistas, y por momentos aburridas para esta Argentina progresista. Un país en donde muchos se esfuerzan por enterarse del último chisme nuevo que mueve al mundo de la cotidianidad política y de los artistas. ¿Pero, qué pensará de todo ello la gente?
Y, es en este contexto nostálgico, cuando por momentos busco escapar con el sueño de aquel que ya se cree parte de la huestes de exitosos. Me creo delirante de los derechos humanos y de los escritos de oro. Imagino viajar por todo el mundo y que la Presidente me tiene en su agenda. E incluso, es en este estado cuando por momentos me encuentro en un país sin inflación, sin inseguridad, y que tiene todo en orden. Veo allí a mi alrededor y todos caminan con cabeza baja, sin cortes ni piquetes. Los dirigentes legislan todos los días. Se preocupan y llegan las soluciones.
Oportunamente, es aquí cuando vuelo en un avión populista que cree, crece y que está pasando la crisis mucho mejor que el resto del mundo (con perspectivas económicas sólidas, por supuesto). De arriba veo que casi todos salen los fines de semanas largos en camionetas 4×4. La gente consume por doquier. Aunque, se ve un pequeño sector de ciudadanos que parecen más preocupados por su trabajo, vivienda y jubilación. Esto no es el cielo, pero parecería que el INDEC los colocó en un limbo. Y, como telón de fondo se divisa a lo lejos un coro de algunos gremios arrodillados debajo de una cúpula impuesta.
Solo aparecen en un tenue paisaje de museos históricos paralizados. Veo el mapa de una tierra bendita con ciudadanos capaces, y con gente que maneja las riendas, pero que siempre se adapta, escucha y reinventa con bravura criolla el actuar, a pesar de duros cuestionamientos. Y, el fútbol, resulta allí como la música de fondo más alta que pueda superar toda gran imaginación.
Pero, de repente siento el despertador. Me levanto sobresaltado, veo mi escritorio, libros, la pluma de escribir y los pasajes de colectivo para ir a trabajar. ¡Qué lástima! ¡Volvió la realidad! ¡Qué hermoso que fue todo aquello! Me lavo la cara. Miro al espejo y ciento grandes tensiones internas al igual que la transformación de Kafka. Es que quisiera ser un pensador K y no puedo serlo totalmente. Precisamente, desperté siendo un soldado de Kierkegaard. ¿Y qué hago? ¿Voy a trabajar, compro en cuotas un libro o un televisor gigante? No, solo transpiro, siento temor y temblor, a que me sigan o perder el trabajo, como tantos jóvenes ¿Llegaremos a ser cortesanos o nos quedaremos afuera?
Y, es en esas cuestiones de la vida que podríamos llamar cotidianas de la singularidad del Temor y Temblor, que el filósofo Danés existencialista Kierkegaard, despliega su teoría de la angustia como disposición anímica, que precede o sucede a todo acto (Stemning). Es decir, siento una tensión hacia las filas kierkerianas cuando ese sentimiento de angustia es un aprendizaje.
La vida en la filosofía de Kierkegaard es una gran incertidumbre, algo que por momentos resulta terrorífico o irreal. Es como una aventura en donde cada individuo pierde o gana. Lo novedoso es que la experiencia en este pensamiento es una posibilidad. Aquí el hombre resulta un "ser posible” ya que cada individuo nunca termina en lo que es ahora; es más que eso, porque es también lo que puede llegar a ser si se lo propone y le dan posibilidades.
Pero, en fin, lo que los antiguos entendieron por aventura intelectual y filosófica, es para no caer en el vacío. Necesitamos construir la realidad desde el coraje y no desde la derrota. Puesto que solo nos superaremos con el verdadero coraje que implica el mero vivir, a pesar de las presiones, problemas o angustias. Y, yo en ello, me siento un pensador con doble K en un país lleno de aventuras cuando se fracasa con anonimato, antes que triunfar en el infierno de la nada. A veces me siento casi como "quijotesco”, al intentar luchar con una lapicera sensible, llorando impotente, frente a los molinos de vientos fuertes que golpean, tanto al periodismo como a todos. Pero, ¿qué pensarán ustedes? Por ahora les deseo la mejor aventura con "charme” (magia), y les pido vacaciones (todavía no me llamo Diego Romers). Pero, ésta vez sí que me desperté de un sueño con doble K y todo "pum” para arriba.
