La historia de Agnes, a quien todos conocen como La Madre Teresa de Calcuta, encierra un testimonio de vida de amor, sacrificio y entrega, reconocido con el Premio Nobel de la Paz, en 1979, y posteriormente, una vez fallecida, por la beatificación otorgada por el Papa Juan Pablo II, en 2003.
Esta "magnífica" mujer había nacido en la actual República de Macedonia, el 26 de agosto de 1910, encontrando su muerte en Calcuta, India, capital de Bengala Occidental, el 5 de septiembre de 1997.
Agnes hizo su Primera Comunión a la edad de cinco años y medio, y recibió la Confirmación a los seis años. Desde ese momento mostró una gran devoción religiosa. Había quedado huérfana de padre a los 8 años, lo que provocó en su familia una gran estrechez económica.
En su formación religiosa, fue asistida por su familia y por la Parroquia Jesuita del Sagrado Corazón, a la que estaba muy integrada, y en la que existía un gran fervor espiritual.
A los 18 años se hizo misionera, dejando su casa e ingresando a la congregación de las Hermanas de Loreto, en Irlanda. Allí recibió el nombre de Teresa, en honor de la monja carmelita francesa Teresa del Niño Jesús (santa Teresita).
Luego inició su viaje hacia India, llegando a Calcuta el 6 de enero de 1929, donde enseñó en la Escuela para mujeres St. Mary. El 24 de mayo de 1937, la Hermana Teresa hizo su profesión perpetua convirtiéndose en "esposa de Cristo" para "toda la eternidad". Desde ese momento se la llamó Madre Teresa de Calcuta.
Continuó enseñando en St. Mary, convirtiéndose en directora del centro en 1944. Al ser una persona de profunda oración y de arraigado amor por sus hermanas religiosas y por sus estudiantes, los veinte años que la Madre Teresa transcurrió en Loreto estuvieron impregnados de profunda alegría. Caracterizada por su caridad, vivió su consagración a Jesús entre sus compañeras con fidelidad y coraje.
A los 26 años, durante un viaje desde Calcuta para realizar su retiro anual, Madre Teresa recibió su "inspiración", su "llamada dentro de la llamada". Ese día, de una manera especial, la sed de amor y de almas se apoderó de su corazón. Durante las sucesivas semanas y meses tuvo locuciones interiores y visiones. Jesús le reveló el deseo de su corazón de encontrar almas que "irradiasen a otras su amor". Le reveló su dolor por el olvido de los pobres, su pena porque no lo conocían a Él, y el deseo de ser amado por ellos. Le pidió que fundase una congregación religiosa, las Misioneras de la Caridad, dedicadas al servicio de los más pobres entre los pobres, lo que concretó en 1950.
