Como si se tratara de un homenaje, en el año de la misericordia, la Madre Teresa de Calcuta será declarada hoy santa de la Iglesia Católica en una ceremonia presidida por el papa Francisco en la ciudad del Vaticano, con la presencia de cientos de miles de creyentes de todo el mundo.
Aunque en estos próximos meses habrá otras canonizaciones, la de la Madre Teresa es clave en este año extraordinario de la misericordia, por lo que ella representa para el mundo en relación al concepto de caridad y de entrega al prójimo.
Esta extraordinaria mujer nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje (entonces Macedonia, hoy Albania), con el nombre de
Agnes Gonxha Bojaxhiu. Desde muy joven encontró su vocación de servir a los pobres y a una edad muy temprana, con sólo 18 años, ingresó en las Hermanas de Loreto y se dedicó a impartir clases a niñas pobres. Fue cuando recibió lo que ella misma definió como ‘la llamada dentro de la llamada’, que le indicó su camino a seguir entre los pobres de Calcuta, India.
La Madre Teresa fue a contracorriente de la mayoría de congregaciones religiosas de la época, que pensaban que los necesitados debían buscarlas a ellas, y no al revés. Ella hizo justo lo contrario, fue a buscar a los más necesitados a sus propias casas, sin importar lo pobres o humildes que fueran.
Su incansable trabajo social la hizo merecedora del premio Nobel de la Paz en 1979, uno de los muchos reconocimientos que se le otorgaron en el plano internacional.
Se trata de una de las beatas más querida por la humanidad, por ello el Sumo Pontífice decidió elevarla al honor de los altares en una ceremonia exclusiva, dedicada especialmente a destacar la trascendencia de su labor.
