El 7 de junio, a los periodistas, especialmente a los que ya contamos con muchos años en edad, y de profesión nos trae reminiscencias de otros tiempos, recuerdos de compañeros y amigos; aventuras vividas a través de los tiempos, notas apuradas, objetivos y tantas otras vivencias que nos tocó en suerte al abrazar esta actividad.
Particularmente tuve experiencias extraordinarias gracias a esta labor que tanto amé y que aún hoy añoro, por eso me doy el gusto de escribir algunas cosas como está y mis compañeros de hoy, siguen dándome la satisfacción de publicarlas. Viví en DIARIO DE CUYO las distintas épocas de su extensa trayectoria: desde cuando hacíamos el diario con plomo, y al ritmo del "’tac, tac, tac…” de las Olivetti, títulos a mano y hasta el sistema técnico actual.
Y a través de cuarenta años de periodismo quedan grabadas en la memoria cada una de las actividades que me tocó desarrollar.
Primero y fundamentalmente, los periodistas debemos tributarle un homenaje, aunque más no sea con un pensamiento, a Don Francisco Salvador Montes, el hombre visionario que hizo crecer una pequeña empresa, a proyectar al DIARIO DE CUYO en uno de los más importantes medios escritos del interior del país. A él le debo en gran parte la trayectoria que tuve en esta actividad, pues siempre me apoyó tanto en lo profesional, como en la vida particular. Y así lo hizo con todos los empleados que se "’ponían la camiseta” del diario.
Llegué de la mano de Roberto "’Pachón” Molina, como colaborador en la sección Deportes. Dirigía ese grupo Tito Torres y más arriba, en los cargos importantes, estaban Roy Kirby, Isidro Barrera, Jorge Marrazzo y redactores muy especiales. Uno de ellos no era nada más ni nada menos que Rogelio Díaz Costa, el primero que se arrimó a este muchacho nuevo y comenzó a enseñarle las primeras letras del periodismo. No puedo olvidarme de Vicente Celani, otro maestro y consejero en la redacción. Allí comencé a aprender, de unos y otros: Ernesto Cepeda, Juan Martín, Enrique Domingo López, y Cosme Ventimiglia, Alejandro Sánchez, Daniel Turón, entre otros muchos y ninguno de ellos está ya entre nosotros; buenos compañeros y amigos como Dante Pantuso, Rodolfo Barrios, Rolo Heredia y toda la camada de periodistas que ahora son los veteranos y que los viera, al igual que en mis comienzos, hacer las primeras crónicas.
Días pasados el Sindicato de Prensa me invitó a una charla con los afiliados y allí pude destacar el valor que tiene la profesión, señalando la necesidad de ser un comunicador directo, con claridad, objetivo, equitativo, pero fundamentalmente vivir la profesión con la pasión por lo que hace; que cada trabajo sea mejorado en el siguiente. Pedí no olvidar que el periodista llega a la comunidad todos los días y su opinión es palabra-verdad y esa confianza debe ser retribuida con espíritu de servicio. Y no debemos olvidarnos nunca que principalmente somos educadores especiales. Eso nos hace ser profesionales destacados en la sociedad.
A todos los periodistas, de los de antes, que fueron compañeros y amigos y a los de ahora, tengan un feliz día.
(*) Periodista.
