Las opiniones sobre relaciones sexuales, pronunciadas el lunes último por el músico Gustavo Cordera en una escuela de periodismo, generaron un repudio masivo de la sociedad a través de instituciones públicas, organizaciones comunitarias, y ciudadanos que no dudaron en recurrir a la Justicia ante una clara apología del delito. Las declaraciones del popular rockero carecen de atenuantes, fueron contundentes y taxativas, ni siquiera con el recurso de ‘fuera de contexto”, al que apelan los arrepentidos después que sus exabruptos provocan indignación.
Es indignante que se afirme en un aula -aún simulando una conferencia de prensa-, que es una aberración de la ley condenar a un adulto por mantener relaciones sexuales con una menor, y es más deplorable todavía al justificar la violación porque a su entender ‘hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo porque son histéricas y sienten culpa por tener sexo libremente” según las grabaciones surgidas de la clase taller.
Las denuncias penales presentadas ante la gravedad de las opiniones de Cordera están tipificadas en el artículo 209 del Código Penal como apología del delito, que prevé prisión de dos a seis años. Pero también alcanzan al músico varios artículos de la ley de violencia de género y discriminación, por lo que los organismos correspondientes ya avanzan como querellantes con la acusación de grado extremo. Es que en un contexto objetivo resulta difícil obviar estas infamias dichas a pesar de que el autor las califica de provocaciones y a puerta cerrada, apuntando a la reacción de los alumnos participantes en el simulacro.
El repudio generalizado le costará caro a Cordera, porque el primer impacto será en su bolsillo. Ya fueron suspendidos los recitales que iba a dar en Mendoza, Corrientes. Rosario y Córdoba, en tanto la emisora porteña Rock&Pop comunicó a la audiencia que no emitirá más los temas de Cordera. Es que en un país con el penoso índice de una mujer asesinada cada 30 horas, es inadmisible la degradación femenina con la obscenidad manifiesta de un intérprete preferido por adolescentes y jóvenes.
Si Cordera quería convocar a un debate, jamás debió hacerlo degradando a la mujer como un objeto de placer y menos hablar con menores de desviaciones sexuales como algo natural, llevando el tema a un retroceso social que es difícil de erradicar.
