Robert K. Rennhack, del FMI, me dijo que Venezuela va camino de una hiperinflación el punto en que la economía cae en un caos total y podría alcanzar un ‘colapso total del sistema económico’ en un plazo de 12 a 18 meses si no cambia su política económica.
‘La inflación en Venezuela probablemente entró en una senda hiperinflacionaria en 2015’, dice Rennhack. Según sus proyecciones, la inflación llegará a una tasa del 2.200% en 2017, y podría dispararse muy rápido al 13.000% anual, el punto en que la mayoría de los académicos consideran como una hiperinflación completa. Ningún país latinoamericano ha podido sobrevivir una crisis hiperinflacionaria.
‘La hiperinflación significa que la moneda ha perdido su valor, la gente va a las tiendas con bolsas de dinero, y los precios suben casi por hora’, señala Rennhack. Al preguntarle cómo había llegado a su proyección de 12 a 18 meses para la hiperinflación en Venezuela, dijo que su equipo había estudiado episodios anteriores en Bolivia (1982-1984), Argentina (1989-1990) y Brasil (1989-1990). Venezuela está en un momento similar.
El mandato de Nicolás Maduro termina en 2019, aunque la coalición opositora MUD planea un referéndum revocatorio para exigir elecciones adelantadas. Muchos venezolanos creen que el país va a explotar mucho antes de 12 a 18 meses. Los precios suben a diario, los estantes de los supermercados están casi vacíos, los apagones aumentan y Maduro declaró feriado todos los viernes en abril y mayo para ahorrar energía y la criminalidad alcanza niveles astronómicos.
La moneda venezolana, el bolívar, cada vez vale menos. Ni los ladrones la quieren: hace unos meses, la prensa citó a un ingeniero llamado Pedro Venero que dijo haber sido atacado por ladrones armados que esperaban llevarse dólares de su casa, pero que se negaron a aceptar bolívares.
Desde la asunción de Maduro tras una elecciones controversiales en 2013, la economía se ha desplomado de una tasa de crecimiento del 5% ese año a una contracción del 8% en 2016. La pobreza creció del 23% al 73% de los hogares durante el mismo período, según un estudio conjunto de la Universidad Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar.
Muchos dudan de que la oposición de Venezuela consiga suficientes votos en la OEA para aplicar la Carta Democrática Interamericana, que exigiría a Maduro tomar medidas específicas para restaurar una democracia plena. Pero la petrodiplomacia de Venezuela ha perdido su influencia tras el colapso de los precios del petróleo, y el mapa político de Latinoamérica está cambiando muy rápido. Una decisión colectiva regional de aplicar la Carta Democrática de la OEA y exigir una solución constitucional a la crisis venezolana sería mucho mejor que un golpe militar, que marcaría un regreso a la época oscura de las dictaduras militares latinoamericanas.
