El reciente llamado que hizo a los estadounidenses el presidente Barack Obama con el propósito de mantener el espíritu del Movimiento de los Derechos Civiles en ese país, tiene un trasfondo que va más lejos de la conmemoración de los 50 años de la histórica marcha que se inició en 1965 en Selma, Alabama, y que culminó en la ley de derecho al voto. El primer presidente norteamericano de color sabe lo que es la segregación en carne propia y lo hace en momentos en que crece en Estados Unidos una ola de incidentes de violencia racial, en particular por la embestida policial contra hombres de raza negra, lo que causa gran preocupación en la Casa Blanca.

Ante esta cruda realidad, Obama advirtió que el racismo no ha sido derrotado. "Sólo tenemos que abrir nuestros ojos, nuestros oídos y nuestros corazones para saber que la historia racial de esta nación todavía proyecta su larga sombra sobre nosotros. Sabemos que la marcha no ha terminado todavía, sabemos que la carrera aún no está ganada. Sabemos que llegar a ese destino bendito donde somos juzgados por el contenido de nuestro carácter requiere admitir muchas cosas más", observó al exaltar la valentía de los manifestantes que lo arriesgaron todo hace 50 años para pelear por sus derechos. Recordaba que en 1965, la Policía de Alabama reprimió con violencia extrema una protesta pacífica contra la discriminación racial en el derecho al voto, cuando unas 600 personas intentaban marchar desde Selma hasta Montgomery, capital estatal, un suceso que pasó a la historia como el "domingo sangriento" y generó una nueva marcha, encabezada por el líder de los derechos civiles Martin Luther King.