La violencia debe ser abordada con especial cuidado y dedicación, algo difícil de aplicar cuando se dan casos donde las víctimas son hombres. El estigma que relaciona al varón con el sexo fuerte puede jugar a su favor, para mantener en muchos casos relaciones de dominación respecto de la mujer. Pero también puede jugarle en contra, cuando está sometido a condiciones de violencia (económica, psíquica o emocional, más que física) por parte del sexo opuesto.

Generalmente, los varones agredidos sufren problemas de autoestima que les impiden romper con una serie de eventos sufridos a manos de su pareja femenina, aunque existen casos también de hombres agredidos por parejas varones, por sus hijas o madres, en el caso de chicos y adolescentes. Es absolutamente cierto que las mujeres encuentran serias barreras culturales e institucionales para denunciar a los varones, como lo es que puede llegar a ser también muy difícil para ellos sobreponerse a situaciones en las que sean la víctima.

En el mismo marco de la dicotomía varón (fuerte) /mujer (débil), hay una humillación relacionada al reconocimiento masculino de ser víctima de violencia por parte del género femenino, e incluso, pueden existir serias dificultades para que estas denuncias sean aceptadas cultural e institucionalmente. En otras palabras, la mayor fuerza física de los varones no explica por sí sola la superioridad y ni siquiera puede garantizar la equidad entre los géneros; el deterioro emocional puede dejar al varón totalmente sometido a la mujer, en una suerte de violencia de género oculta por el relativo poco volumen de episodios que se registran pero también por las cuestiones descriptas.

Tal vez por esto, también, faltan programas o abordajes integrales por parte de los gobiernos y hay casi nulas iniciativas en la sociedad civil que traten esta problemática, más allá de las acciones que los propios afectados pueden emprender. Si bien el fenómeno es cuantitativamente mucho menos relevante que el que tiene a las mujeres como víctimas, tampoco hay un trabajo estadístico continuo que brinde un cuadro real de lo que sucede con los varones en esa situación. A nivel muy general, hay estimaciones nacionales sobre violencia doméstica según las cuales más de un 90% de hechos de violencia de género los sufren ellas, mientras que ellos son afectados en menos de un 3%. El resto son episodios de violencia cruzada.

En la Ciudad de Buenos Aires, indicadores del mismo tipo arrojan que el 9% de las denuncias derivadas de comisarías, hospitales y ONG provienen de hombres. Los medios de comunicación tampoco dan a conocer casos ni suelen hacer tratamientos del tema con la voz de especialistas. Falta de apoyos jurídicos, falta de recursos, problemas de credibilidad, falta de apoyo familiar, miedo al ridículo y creencia en el merecimiento de la violencia son, en definitiva, algunos de los factores que se combinan para colocar a los hombres en un rol de víctima del que les es muy difícil salir.

No se trata de relativizar la violencia contra la mujer sino de observar otra faceta de la violencia de género que igualmente precisa de políticas públicas, protocolos de abordaje y centros de atención para trabajar sobre las urgencias.