Nuevamente la violencia escolar ha conmocionado a nuestra sociedad ante la brutal agresión sufrida por un alumno de la Escuela Procesa Sarmiento de Lenoir, ubicada en el departamento 9 de Julio. La feroz y premeditada golpiza al chico de 16 años por parte de cuatro compañeros de curso, se detuvo gracias a dos alumnas que rescataron al herido, que luego fue internado en el Hospital de Niños.
La gravedad de las heridas, fracturas de cráneo y tabique nasal, desfiguración de rostro y otras heridas, señala la brutalidad de un ataque que no es resultado de una simple desavenencia entre adolescentes sino un hecho delictivo que exige respuestas inmediata de quienes deben mantener la disciplina y la contención del alumnado que lleva al colegio la intolerancia que vive en el hogar o en las calles.
Lo preocupante es llegar a tal inconducta sin que el personal docente estuviera cerca para evitar la tremenda golpiza no que las autoridades del establecimiento asuman la responsabilidad que le cabe. Según los padres, tanto la directora como la maestra del chico se mantuvieron al margen del problema no obstante conocer los antecedentes de acoso.
Pero la situación es más profunda, en ésta como en el resto de las escuelas. Se trata de una falla estructural de los últimos años, tanto entre educandos y docentes con los padres, al perderse el diálogo, el entendimiento y la comprensión ante las complejidades del período de enseñanza y formación en los distintos niveles escolares. También fallan las políticas educativas para atender la convivencia, porque si bien se ha elaborado un protocolo como guía del educador para enfrentar acosos y agresiones, por otro lado se han eliminado los Gabinetes interdisciplinarios zonales. La tarea del psicólogo y del asistente social no puede reemplazarse por un manual de estilo.
Debe observarse que la violencia crece en las escuelas como reflejo de la vida cotidiana donde la inseguridad, intolerancia y transgresiones a elementales normas de convivencia se ha convertido en una profunda crisis y corresponde a todos los estamentos sociales comprometerse para salir de este retroceso peligroso.
El tratamiento de la violencia escolar no es un tema coyuntural, sino una combinación de factores y circunstancias que se deben atender con todos los recursos y la racionalidad que demanda un estado de emergencia social.
