Nuestra conformación social hoy depende del presente y futuro de nuestros jóvenes y la responsabilidad sobre estos está en manos de la familia, de la escuela y del gobierno. Haciendo un análisis pormenorizado sobre la situación social del joven y su formación en la escuela secundaria y estableciendo una comparación con la educación en la infancia y por consiguiente con los estudios superiores, la promoción sobre valores y principios, aspectos técnicos y científicos, cultura y formación integral de estos en nuestro país y la convivencia con sus pares y el resto de los ciudadanos, observamos que solamente cada 30 jóvenes sólo un total de 5 tiene formadas y concretas posibilidades de aspirar a completar estudios superiores, ubicarse laboralmente y constituir una familia estable.

El principal factor determinante del desarrollo del niño está en el juego, sin embargo desde la adolescencia, los perfiles que despliegan las capacidades, destrezas, talentos, los relativos a la formación de la voluntad, el empeño y el compromiso y los correspondientes a la comprensión de integrar una familia y alcanzar un emprendimiento laboral y profesional, está en la juventud, es decir, en el período que abarca entre los 14 a 30 años de edad.

La educación secundaria o media se ha extendido con la formación profesional y del adulto promediando la edad mencionada, cuando no, aumentándola. Nuestro país y por consiguiente nuestra provincia muestra un fracaso de las políticas formativas del joven hacia un compromiso social efectivo e institucional pautado. Los jóvenes que pasan por las aulas de los colegios muestran un marcado desinterés por la ciencia y la técnica, las prácticas físicas y deportivas y el desarrollo de capacidades o dotes personales que lo hagan trascender profesionalmente o ubicarse en un trabajo genuino. Lógicamente esto, por responsabilidad del adulto. Por ende las políticas de gobierno, con la entrega de becas, subsidios, planes o propuestas de programas formativos no apuntan a aquellos objetivos. Vamos a una sociedad frágil, donde la conciencia social, el compromiso cívico y el valor por las instituciones -pilares de una sociedad-, no encuentran como sostenerse y permanecer vigentes.

La responsabilidad de los "’pedagogos argentinos” traduce una incapacidad por concentrar estos temas como principales para construir una nación y los medios de comunicación muestran constantemente un hacer hincapié en momentos de triunfalismos o propuestas oportunas cuando no efímeras de superación y desarrollo personal. El resultado, una sociedad endeble sin principios y valores firmes, inseguros y minados de propuestas que con el tiempo se diluyen. La frase que caracteriza a estos momentos de crisis se expresa en los términos de "’hay que vivir el momento y aprovechar la oportunidad”, como si estas fueran para cualquiera y no habría que formarse y prepararse para ello. De esta forma la escuela media o secundaria es la menos tenida en cuenta y por lo contrario deberíamos hablar de la "’vital educación media”, hoy olvidada y que casi pasa desapercibida.

Con la obligatoriedad, contención y permanencia de los jóvenes para promocionarla cursando regularmente, con planes ocurrentes y propuestas paralelas de empleo, ni siquiera se tapan los tremendos agujeros de la crisis y convivencia social y menos aún se promueven eficaces políticas de empleo genuino o inserción laboral que posibiliten el mantenimiento de una familia. Por el contrario la escuela media hoy alberga y contiene alumnos prematuros en su condición de padres y madres, incapaz de mostrar o sugerir modelos de conformación familiar estables que permitan reafirmar el tejido social.

Algunos de los remedios estarían en introducir el deporte competitivo, las artes y los emprendimientos técnicos con carácter obligatorio en todas las escuelas, un aprendizaje fuerte en la conformación oportuna de una familia y su significado para la integración social y la creación por parte del Estado de un sinnúmero de empresas, emprendimientos, fábricas, industrias como así también propuestas para realizar competencias de torneos deportivos y certámenes atléticos que perfilen una sociedad sana, ocupada y carente del mal ocio.

El Ministerio de Educación debería priorizar políticas para un verdadero despliegue y desarrollo competitivo formando y orientando a la juventud, considerando la vital educación media en el presente para el futuro de una nación.