El 1 de enero de 1994, un grupo de rebeldes armados autodenominados Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), tomó protagonismo en el Estado de Chiapas, México, iniciando así un movimiento armado que ocasionaría un fuerte dolor de cabeza para el gobierno mexicano.


Este grupo guerrillero estaba compuesto en su mayoría por indígenas que venían trabajando desde principios de los "80, en busca de una alternativa económica diferente a la que se perfilaba en aquellos días, sin embargo con la caída del Muro de Berlín y la supremacía económica del Neoliberalismo ese trabajo en red de los indígenas quedó totalmente desarticulado por la quita de las tierras y por la firma del Tratado de Libre Comercio del Norte. Este convenio que es parte del sistema de bloques que se va a consolidar a nivel mundial durante toda la década del "90, permitió el fin del proteccionismo comercial de cada país para abrir así un "libre comercio'' que en teoría beneficiaba a todos los que conformaban el bloque. 


Los indígenas que vivían en Chiapas, (y aun hoy es así) se encontraban en una desigualdad socio-económica que se nutria de las explotación de los patrones y de la mala administración mexicana, todo esto pareció ser un cóctel perfecto para iniciar la revolución.

 

Los zapatistas, identificados por su particular vestimenta.


Los primeros días de enero fueron importantes para las primeras acciones del EZLN quien tuvo apoyo de diversos sectores entre ellos la Iglesia, algunos grupos agrarios y diversos sectores de la izquierda, quienes dejaron en claro sus puntos de acción y de intención: la defensa de los derechos indígenas; un nueva mirada política que permita una verdadera democracia mexicana; y la creación de una red alternativa de lucha contra los abusos del neoliberalismo. La acción fue precisa, se tomó el control del Estado de Chiapas y se dio a conocer la Declaración de la Selva Lacandona, éste era un comunicado directo contra el Gobierno Mexicano, la acción armada fue decisiva. 


El presidente mexicano Carlos Salinas, buscó minimizar las acciones de los primeros días, hasta que la violencia aumentó de tal forma que no pudo más que solicitar el diálogo, y bajar las armas. En aquel momento varios pidieron ser intermediarios para llegar a la paz como lo fue Rigoberta Menchu Tum (Premio Nobel de la Paz). Sin embargo el acuerdo no llegó en aquel primer momento. Las acciones armadas van a dar como resultado un centenar de muertos.


Durante todo ese año las idas y vueltas del gobierno y de los rebeldes fueron televisados y despertaron un gran interés para la prensa internacional, ya que este movimiento era respuesta en defensa de los intereses locales y de las luchas indígenas que los gobiernos de Latinoamérica pocas veces habían mirado.


Entre los rebeldes, vamos a recordar al Subcomandante Marcos, ese hombre que con su pasamontañas cubría su identidad, y era el porta voz de la lucha que amenazaba la paz; el gobierno mexicano afirmó que el encapuchado era Rafael Sebastián Guillén un estudiante de filosofía, sin embargo este siempre negó su identidad real. Otro de las características de este movimiento armado fue el rol que cumplieron las mujeres quienes también tomaron las armas para defender sus derechos y sus ideales convirtiéndose en guerrilleras.


A veintiocho años de este hecho de la Historia reciente, la lucha de los indígenas por sus tierras por la igualdad, por una verdadera democracia sigue siendo actual y legitima, que los gobiernos han procurado generar marcos legales para estos grupos étnicos es real, pero desde las prácticas eficientes aún queda mucho por hacer. 

 

 

Lic. Alejandro E. Salazar
Programa Universitario de Asuntos Indígenas (PUAI)-FFHA-UNSJ.