Al escuchar esta pregunta, la respuesta más común suele iniciar con nuestra profesión o el cargo que ocupamos. Muchos de los lectores aquí estarán pensando: “Soy Juan, trabajo en una empresa de servicios”. Escuché este tipo de respuestas en más de una ocasión. En el fondo, estas frases representan una realidad muy palpable. Nos acostumbramos a pensar que nuestra identidad está totalmente ligada a nuestro cargo laboral, convirtiendo esta noción en algo tan normalizado que no nos lo cuestionamos.
Nos identificamos con los logotipos de las empresas donde nos desarrollamos o de los grupos que nos otorgan reconocimientos, y creemos que con esto ganamos la aprobación de los demás, quienes nos ven como exitosos.
Un ejemplo de esto es Hernán. Él era un ejecutivo de alto nivel, un pilar de la organización donde trabajaba, la cual había sido su hogar durante seis años. Durante esos años, había forjado no solo una carrera profesional, sino también su identidad.
Sin embargo, al finalizar la pandemia, un giro inesperado cambió su vida. La empresa anunció un cambio en la estructura laboral, lo que dejó a Hernán sin trabajo de un momento a otro. Al salir de la oficina por última vez, la angustia lo invadió y la sensación de pérdida se apoderó de él. Durante aquellos seis años, su trabajo había sido su brújula, la manera en que definía quién era y su lugar en el mundo. Al terminar esa etapa, su sentido de pertenencia se desvaneció, llenando su vida de incertidumbre y soledad. La imagen del hombre exitoso, con propósitos y metas, comenzaba a desdibujarse en su mente mientras se enfrentaba a la dura realidad de reinventarse.
Con el paso de los días, Hernán comenzó a buscar respuestas en los lugares más inesperados, tomando conciencia de que su historia no terminaba con un despido, sino que, quizás, estaba a punto de comenzar un nuevo capítulo.
Historias como esta nos rodean y muchas veces no somos conscientes de que estamos sacrificando nuestra identidad en busca de reconocimiento externo. No debemos perder de vista quiénes somos en esencia, cuáles son nuestros gustos y qué es lo que nos mueve para ser felices. El ego es opresor y nos engaña haciéndonos creer que la felicidad y el éxito provienen de acumular logros y posesiones. No somos solo nuestro trabajo, y tener el mejor puesto en una mega industria no nos hace súper exitosos.
Que tu identidad trascienda lo que haces y se centre en tu interior; eso es lo que realmente te acompañará a donde quiera que vayas.
Recuerda que las respuestas y maravillas que buscas están dentro de ti. (Sir Thomas Browne)
Por Amanda Issa
DNI 39.182.730