Por Dr. Mario Alfredo Luna – Abogado y Expresidente del Concejo Deliberante de Jáchal
Es un tema de por sí, complejo y sutil, la cuestión de la tasa de interés del dinero en una economía como la argentina, máxime teniendo en cuenta que no hay un esclarecimiento y definición suficiente proporcionada concretamente por los diversos proyectos políticos y económicos que se disputan la hegemonía de poder en el país.
Determinaciones de la tasa de interés
Qué es la tasa de interés, ¿la remuneración del capital o el costo oportunidad de la inversión? ¿Cuál es la tasa de interés que debe regir, la tasa natural del mercado fijada por la interacción de los ahorradores y tomadores de crédito, o la tasa debe esta intervenida por la política monetaria? Y, en este último caso, ¿con qué fines para que el sujeto del crédito sea el sector privado o el sector público estatal?
La tasa de interés en la praxis del país
En el plano real se observa que la historia política y económica de Argentina muestra que se ha usado la herramienta de la tasa de interés del dinero como una remuneración al capital dinerario para evitar que reine la incertidumbre y volatilidad bancaria (corridas), contener la incertidumbre cambiaria (disparada del dólar) y/o para contener el riesgo inflacionario (redirigir el dinero sobrante del mercado de bienes hacia el mercado bancario vía plazos fijos y otros pasivos remunerados).
Así, el Estado vía BCRA, concibió la tasa de interés como una fuente de aumento de la ganancia del capital financiero bajo el argumento de que es necesario fomentar y robustecer la formación de un mercado de capitales en pesos del país.
En ese sentido se ha profundizado tal argumento diciendo que el pago de intereses tan altos se justifica para proteger el dinero del público para que no pierda valor actual o presente en los bienes futuros.
Entonces, con el Estado conduciendo la política de las tasas de interés bajo el argumento de que hay que preservar el valor del capital ahorrado, se daba luz verde a todo aumento del valor de la tasa de interés. Pues, quedaba habilitado ese mecanismo alcista, por lo loable del objetivo del robustecimiento y preservación del mercado de capitales en pesos. La idea, “ahorros de la gente”, de por sí ameritaba a protegerlos indefinidamente y con ello se justificaba el pago de suculentos intereses mensuales.
Esto explica, a su vez, la financiarización creciente que tuvo la economía durante toda la etapa democrática, y aun antes desde la vigencia de la ley de entidades financieras del año 1977. Así, el mecanismo puesto en juego en los hechos más allá de las palabras objetivos, fue la priorización de lo financiero sobre lo productivo.
Imaginemos que una tasa nominal del 100 %, que muchas veces se pagó en el país, deja fuera del camino a toda posibilidad de inversión productiva real ya que ésta nunca puede asumir una tasa interna de retorno del capital que absorba dicho nivel de costo financiero.
Los pasivos remunerados del BCRA
Pero ello no ha sido todo, porque, sumado a esta espiralización de niveles cuantitativos de tasas de interés exorbitantes y desacopladas de toda rentabilidad natural de un emprendimiento productivo, apareció el BCRA, convirtiéndose en el principal tomador de deuda del sistema financiero, secundarizando al sector privado que dejó de ser prioridad como sujeto de crédito del sistema.
De este modo, con una situación de las cosas donde el propio Estado y el BCRA se sirven preferentemente de los ahorros bancarios del público a una tasa que es prohibitivo que la pueda pagar el sector privado, se llegó al máximo contrasentido. El cual consiste en que el crédito estaba en función de las necesidades financieras de endeudamiento del BCRA. Son las famosas Leliq y Pases Pasivos, por ejemplo, que simbolizaron el absurdo de haberse pagado más en intereses de letras del BCRA que en los mensuales de jubilaciones y pensiones, por ejemplo.
La variación en 2024 y 2025 que ha habido al respecto (y habrá que ver si resulta), reside en haber sacado al BCRA de la operación de este mecanismo de solvento de las Leliq y Pases Pasivos, y haber trasladado esa deuda a las LEFI de la Tesorería y luego a las LECAPS. ¿Con qué fin? Evitar la emisión monetaria y rebajar la tasa de interés con el fin de mitigar la dinámica expansiva que tenía anteriormente esa deuda.
Ojalá que el futuro del país en términos de sabiduría política y financiera corrija esta cultura y herencia de deuda que se basa en el mundo del revés del rol de la tasa de interés y el crédito.
