Por Fernando Ortiz – DIARIO DE CUYO
Es una línea argumental que el peronismo sanjuanino todavía no lee con claridad. Los intendentes del Partido Justicialista están en condiciones de ser reelegidos. Es una virtud tanto para sí mismos como para el candidato a gobernador que defina la estructura. Sin embargo, necesitan lidiar con un defecto que es impropio: las intenciones de los exintendentes de retornar a los departamentos. Asoman pulseadas complicadas. Mientras tanto, el orreguismo y La Libertad Avanza están al acecho.
Todavía no hay un sistema electoral definido en San Juan. La cúpula de Gobierno provincial aún no propone una alternativa al Sistema de Participación Ampliada y Democrática (Sipad) que instauró la última gestión de Sergio Uñac. Si bien hay definiciones peyorativas sobre el Código electoral, que tiene como base a la Ley de Lemas, no hay una alternativa nítida en el horizonte. Por ahora, los lemas continúan hasta nuevo aviso. Probablemente hasta abril, en la apertura de sesiones ordinarias de la Cámara de Diputados de la Provincia.
Los caciques justicialistas, entonces, no tienen un escenario claro para el despliegue de una campaña que parece nunca acabar. Pasó del 2023 al 2025 y ahora al 2027 sin escalas. El manual de la política indica que ahora -por febrero- arranca el proceso de instalación de los candidatos de los partidos tradicionales, es decir, con la excepción de La Libertad Avanza, que gusta de las sorpresas de último minuto. Ergo, el peronismo empieza -tácitamente- a barajar los postulantes departamentales.
El Partido Justicialista tiene una virtud: todos los intendentes -salvo Caucete- tienen la oportunidad de revalidar sus credenciales en los distritos. Es una ventaja clara para la campaña. Es válido presuponer que trabajarán a fondo para reelegir. Por lo tanto, con las maquinarias municipales activas, el candidato a gobernador que sea -Cristian Andino, Fabián Gramajo, Facundo Perrone, un Gioja- tendrá la tracción en los departamentos. En definitiva, haya lemas, colectoras o sistema de candidato único, el beneficiado siempre es la figurita que quieren catapultar a la Casa de Gobierno.
La otra cara de la moneda es la dificultad de los jefes comunales del justicialismo para ordenar la tropa internamente. Sobre todo en casos de contratiempos institucionales como viven actualmente Sebastián Carbajal (Calingasta), Mario Riveros (Valle Fértil), Chimbas (Daniela Rodríguez) y, en términos netamente políticos, David Domínguez (Ullum) y Matías Espejo (Jáchal). Los primeros tres tienen cambios en los Gabinetes y cortocircuitos con sus antecesores. Los últimos dos cargan con exintendentes vigentes. Y todos los disgustados pueden dar el salto al orreguismo -que suele ser reticente a incorporar a ajenos- o al partido de Javier Milei, de tabula rasa.
Sucintamente, en Calingasta la cuestión pasa por las decisiones inestables de Carbajal. Es jefe comunal, que no proviene puramente de las huestes justicialistas, sino de una línea aliada que en el 2019 llevó por nombre Nueva Dirigencia, no tiene estabilidad en el equipo de trabajo. Se ganó el mote del “Milei sanjuanino” no por los recortes de la motosierra, sino por la velocidad de los cambios en el Gabinete. Tiene el Concejo Deliberante en contra y un diputado departamental que retornará al juego: el exintendente Jorge Cipriano Castañeda. El legislador, que no pudo posicionar a un sucesor en el 2023, es bien visto por los calingastinos, tiene un concejal y diálogo abierto con el vicegobernador Fabián Martín. Si Castañeda no juega dentro del PJ, es un competidor que puede poner en peligro la conducción del distrito.
Un escenario similar -casi idéntico- tiene Valle Fértil. Es el único departamento donde un intendente peronista perdió en los comicios legislativos del 2025. Riveros es el sucesor del ahora diputado departamental Omar Ortiz, más conocido como Mengueche. La relación entre los dos está quebrada desde el inicio de la gestión actual. Y Mengueche tiene el mismo poder que Castañeda en Calingasta. Conserva la imagen, influencia en el Deliberante y buena sintonía con Martín. Además, ya expresó en una reunión cerrada del bloque Justicialista, que la responsabilidad de la derrota es que no hubo coordinación con el intendente. ¿Se pasa al orreguismo? Todavía no. Pero habrá que ver si arma un monobloque en la Legislatura. Mismo camino puede seguir Castañeda. Por ahora, en honor a la honestidad intelectual, todavía no hay nada.
En Chimbas la historia es conocida por el impacto mediático reciente. En el bastión peronista la sangre llegó al río por el enfrentamiento entre la intendenta Rodríguez y el Concejo Deliberante. La jefa comunal se impuso con el veto al Presupuesto y marcó la cancha. La relación está casi rota. Pende de un hilo que se llama Gramajo, que puede ser la bisagra entre ambos bandos como líder del Chimbas Te Quiero. Además, qué pasa si Gramajo quiere retornar al departamento. ¿Rodríguez se animaría a un choque con su (¿ex?) socio político? ¿Por dentro o por fuera del PJ? Especulaciones deliciosas, sin duda, pero que pueden poner en riesgo el control de un distrito muy denso en población y electorado.
En Jáchal y Ullum, en cambio, la cuestión está más o menos ordenada institucionalmente. Espejo descabezó el área relacionada a las finanzas, pero sin oposición interna. Domínguez es casi un armador provincial para Andino sin críticas ulluneras. El problema de ambos comuneros es la vigencia de los exintendentes, ahora diputados. Tanto Miguel Vega como Leopoldo Soler pueden competir en el 2027. Vega es un justicialista, puede acatar una orden de la conducción provincial. Pero Soler es un exbasualdista muy líbero que tiene un partido municipal, Mejor Nosotros. ¿Por qué no intentar desbancar a Domínguez? La pregunta, como en los casos anteriores, reside en la posibilidad de contener a los dirigentes para que no haya dispersión a otros bandos.
Está, escribiendo de peronismo, la dificultad de Caucete. Es un departamento conflictuado por donde se lo mire. No sólo la intendenta, Romina Rosas no tiene la sartén por el mango en el Concejo Deliberante, que preside el disidente Franco Buffagni, sino que tampoco tiene un sucesor. Ella no puede ser reelegida. No asoma otro nombre para la sucesión salvo el diputado Emilio Escudero. Por ahora está bien conceptuado por la conducción del PJ.
Naturalmente, están los distritos del oficialismo provincial, con sus propias complicaciones. Los tres que componen el Eje Libertador (Santa Lucía, Capital y Rivadavia) tienen sus bemoles. El santaluceño Juan José Orrego no puede repetir. La capitalina Susana Laciar cambió el Gabinete para oxigenar y relanzar la gestión tras perder con La Libertad Avanza. El rivadaviense Miodowsky, por ahora, es el candidato natural. En tanto, el intendente de Sarmiento, Alfredo Castro, no tiene el control del Concejo. Serán motivos de próximos análisis.
