Ante un inodoro sucio, hay dos posibilidades: asomarse y lamentar toda la porquería visible o bien arremangarse y limpiarlo. Claramente la primera es la más fácil y la segunda, la que más esfuerzo demanda. Pero sólo una de las dos servirá para cambiar las cosas. El ejemplo escatológico fue ocurrencia de un sacerdote. Insólitamente, lejos de apelar a las citas bíblicas, recurrió a la situación cotidiana y, en verdad, no quedaron dudas acerca de su punto. Dijo que, pocos días atrás, le había pedido a un periodista que fuera optimista y dejara de "buscar sólo la porquería".
Cosa curiosa, porque parte de la tarea del periodista es buscar los inodoros sucios -para no salir del ejemplo sacerdotal- y denunciar con el fin de que las cosas mejoren. Que cada uno asuma la responsabilidad que le toca. Que tengan voz potente los que no son escuchados. Sin embargo, la arenga al optimismo no deja de ser atendible. Más aún teniendo en cuenta que la gente, en mayor o menor medida, se encuentra agotada por tanto sanitario oloroso.
Hay al menos un sector de sanjuaninos que, aunque no esté conforme con su situación económica actual, supone que las cosas mejorarán de aquí a un año. Así quedó plasmado en el informe de expectativas sobre consumo e inflación de octubre 2009 elaborado por el Instituto de Economía y Estudios Sociales de la Bolsa de Comercio de San Juan. Respondieron la encuesta 150 estudiantes universitarios avanzados, profesionales y empresarios sanjuaninos.
Puestas así las cosas, la gente tendría ganas de escuchar algún mensaje esperanzador, que apoyase las perspectivas personales. A nadie le gusta sufrir, en principio. El planteo de hacer un "periodismo optimista", ese de arremangarse y despejar la porquería para provocar el cambio, adquiere aún mayor fuerza.
Sin embargo, sería un error creer que la solución está en esconder la cabeza, pretender que las cosas están bien y no hay equivocaciones por señalar ni temas por corregir. Esto sin contar los actos de corrupción. Sin ir más lejos, la propia Iglesia Católica asume el rol de denunciante de situaciones apremiantes a menudo, aún a costa de molestar al gobierno de turno.
La invitación a arremangarse y actuar es inapelable. A nadie le gusta tener el baño sucio, pero en algunos casos el descuido es evidente. Algunas veces, el mal olor es indisimulable.
