No se trataba de un acto más o de los tantos que tuvo el Gobierno sino que era el que le da el envión final al proceso licitatorio del túnel de Agua Negra. Por eso, cuando le tocó dar su discurso, José Luis Gioja se quebró. “Espero que la emoción que sentimos nos deje hablar”, dijo y tuvo que parar para recomponerse porque las lágrimas cubrieron sus ojos. Es que luego, junto al ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y el viceministro de Obras de Chile, Lucas Palacios, estampaba la firma del acuerdo que abre el llamado a las empresas para que manifiesten su interés en construir la megaobra.
La emoción continuó durante unos segundos y quedó reflejada, además de su rostro, en su voz entrecortada. Es que su ministro de Infraestructura, José Strada, recordó los 9 años de gestiones por el túnel y lo señaló, al igual que De Vido, como el principal impulsor. Es más, el funcionario nacional remarcó que la obra se va a hacer bajo la gestión giojista y puso como ejemplo al moderno Centro Cívico, el cual antes era un montón de escombros. El Gobernador agradeció los gestos y reconoció a todo su equipo y a la comitiva chilena.
El encuentro se hizo en un lugar simbólico: el Salón Cruce de Los Andes del Centro Cívico. El lugar está adornado con cuadros de la cordillera y de la cabalgata que realiza el Gobierno desde hace 8 años y que une Argentina con Chile, rememorando la gesta sanmartiniana. En su discurso, el mandatario mencionó que el libertador de la patria y el prócer trasandino, Bernardo O’Higgins, debían estar orgullosos por el avance en la integración.
Además de la carga sentimental, Gioja estuvo “tan contento como perro con dos colas”, según graficó un funcionario. Y su obsesión fue De Vido. Apenas llegaron al Cívico, le mostró la bandera de Cabot que está en la planta baja del sector sur. Al terminar el acto, se fue manejando una movilidad oficial con una sonrisa de oreja a oreja, junto al ministro nacional de copiloto. Y durante el almuerzo en Casa de Gobierno, mientras el funcionario daba una entrevista, Gioja salió a buscarlo con una empanada en la mano para que no se perdiera el agasajo. Ese fue el entremés, ya que el plato fuerte fue un asado para culminar una jornada histórica.

