Es sabido que las gaseosas, cervezas, frizantes y otras bebidas le están ganado consumidores al vino. Hoy en el país se beben por persona y por año 26 litros de vino cuando hace 40 años era de 90 litros. Pese a todo, la Argentina sigue siendo uno de los países con mayor tradición en la producción y consumo interno de vino, razón por la cual no hay que descuidar el negocio puertas adentro. Puertas afuera, a nuestro país le está yendo muy bien, ya que crece en sus exportaciones año a año, con vinos, especialmente varietales, de muy buena relación precio calidad.

Volviendo a los vinos que el argentino pone en su mesa, el 65 % de lo comercializado en el mercado interno es en tetra brik o en cajita. Estos son vinos básicos que en muchos casos se descuidada la calidad y para un sector importante de la población ya no son de su preferencia. Hoy tenemos un consumidor que de a poco, y hasta donde le da el bolsillo, ha saltado a buscar vinos de otra calidad. Sabe el rango de precio donde se mueve una botella de una determinada marca en las góndolas y vinerías. Pero cuando va un restaurante, la misma botella le sale en muchos casos más del doble. Conclusión: unos pocos pagan sabiendo que así son las reglas, otros pagan una botella quedándose con ganas de otra más y muchos simplemente no piden vino. Toman cerveza o gaseosa que está más barata. Aquí está la cuestión.

No hace falta entonces darse cuenta que gran parte del consumo de vino de un argentino lo hace en su casa junto a su familia y amigos o festejos familiares o sociales. Muy poco en restaurantes, parrilladas, bares y ‘bodegones‘ con menú del día. Mucho menos en pizzerías y lugares donde se pide un ‘sanguche‘ o un ‘chori‘ al paso.

Vino turista

Pretendiendo el desafío de lograr que unos 30 mil restoranes, parrilladas y otros centros de consumo similares del país ofrezcan la vieja categoría del vino turista, se firmó en Mendoza un convenio entre los gobiernos de Mendoza, San Juan, el Instituto Nacional de Vitivinicultura y la Federación Hotelera Gastronómica de la República Argentina. La idea es que los consumidores se acerquen al vino, ofreciendo la oportunidad de tomar un vino económico pero, de calidad y a precios más que accesibles. Se pretende que existan dos categorías: Vino Turista básico y el Vino Turista varietal. Y los precios oscilarán entre los $20 y los $26 respectivamente. Para ello el INV se ha comprometido en controlar la calidad de estos productos. La propuesta no contempla una etiqueta única sino la que la bodega elija pero sí debe incluir el isologo o sello de la campaña argentina ‘Vino, Bebida Nacional‘. Se venderá sólo en lugares que ofrezcan comidas.

Aunque la normativa ya está en vigencia, el INV está conformando un Comité de Cata que estará integrado por el sector público y privado que le dará aprobación a los vinos de esta categoría. El Vino Turista es un nuevo concepto, se pretende que el vino no tenga cuatro defectos importantes, a saber: oxidación, reducción, olores y gustos malos, sucios y avinagrados.

Debe ser un vino simple, con colores atrayentes, con aroma a vino, de bajo alcohol, fácil de tomar y que sea accesible al bolsillo. Como dicen muchos: que el consumidor le pueda agregar agua, soda o hielo. Que lo tome como le gusta. Tenemos que romper un viejo mito en la Argentina que es que el vino es glamour y para que sea vino debe ser caro. Sabemos que los restaurantes remarcan los vinos con una ganancia de entre 100 y 120%.

Así, hay sectores que estiman que a las bodegas les será difícil producir un vino de calidad cercano a $10 para que lo vendan a $20. Para un tinto es complicado, tal vez un blanco por ahora se pueda. La cuenta es: un vino tinto de traslado vale por litro $2,50, más $1,50 que vale una botella de vidrio, más $1,20 entre tapón, etiqueta, $2 por estabilización, tratamientos y caja de cartón y un 30 % de ganancia de la bodega. Más complicado será para brindar un Vino Turista varietal. Tienen temor que, por ejemplo, por Malbec o Syrah se venda cualquier cosa y se desprestigie la iniciativa tal como ocurrió en la década del ‘70 y ‘80 cuando los gobiernos crearon la misma idea pero sin resultados positivos. Para otros más optimistas la idea del Vino Turista es un desafío al que no hay que quitarle el cuerpo y la bodega deberá poner ingenio, mucha creatividad y los restaurantes acompañar con sus márgenes de ganancia para poder cumplir con la propuesta de levantar el consumo de vino en la Argentina. Las bodegas deben asegurar una buena calidad y la ganancia saldrá de la escala de las ventas, por agregar nuevos consumidores.