Dice que lo sorprende el tiempo que pierden los políticos encargando encuestas, cuyos resultados cambian constantemente "según el humor de la gente", e hizo un repaso de todos los candidatos que hubo en los últimos dos años para suceder a los Kirchner. "Espero que no sea Gioja", rogó en un momento, porque prefiere "que sea una mujer de pelo platinado", en alusión a Lilita Carrió, líder de la Coalición Cívica en la que milita este economista y actual diputado por ese partido. Prat Gay (44) ayer habló de todos los temas económicos del momento que se le consultaron, mostrando un sólido conocimiento de números, y un aceitado manejo de datos macroeconómicos que arrastra desde su paso por la presidencia del Banco Central. Polémico, opinó también de los temas sensibles para San Juan: Dijo que rechaza la gran minería metalífera "tal cual se está dando ahora" -votó a favor de la ley de glaciares que prohíbe actividades industriales, mineras y petroleras-, y opinó que hay que aplicarle mayores impuestos y rentas a las mineras. Y fue crítico también de la promoción industrial.

-¿Cómo ve la imagen de Gioja? ¿Lo ve como presidenciable?

-No está en la lista oficial, pero esas listas van variando mucho ya sea Peronismo Federal, Frente para la Victoria o Peronismo puro, paladar negro o paladar de otro color, todo es posible! Yo creo que hay demasiados candidatos, aún antes que Gioja. Desde el punto de vista del Acuerdo Cívico y Social la idea es ir encontrando la manera de acordar programas, los candidatos irán surgiendo naturalmente. No soy enamorado de las encuestas, lo más importante es acordar programas y elegir el candidato que pueda encajar mejor en ese programa. Vean ustedes como fueron modificándose las distintas estrellas: hace más de 2 años Macri parecía ser el candidato natural a disputarle el liderazgo a Kirchner, el 9 de julio del 2008 cuando Cleto Cobos tuvo ese momento inesperado, por un tiempo fue el candidato natural a ganar la elección; ahora no lo es más, ahora parece que es Ricardito Alfonsín. Y… no sé, si me invitan otra vez, quien sabe quién va a ser! Espero que no sea Gioja, eso sí. Espero que sea una señora de pelo platinado. Me impresiona la cantidad de tiempo que los políticos gastan en encuestas, que por más que estén muy bien hechas, lo que cambia constantemente es el humor de la gente!

-Dura poco el amor…

-Dura poco el amor, sí, en todos los órdenes de la vida! Por eso hay que hacer algo que vaya más allá del enamoramiento y por eso insisto con los programas. No es fácil, el año pasado, cada vez que yo hablaba de alguna propuesta en televisión el zapping era matador. Pero es cierto que la televisión es para entretener, no para hacer proselitismo. Creo que lo que tenemos que lograr como sociedad es madurar en este diálogo entre los representados y los representantes, y empezar a tener estos debates a los que no estamos acostumbrados. Cuando fui a estudiar a Norteamérica recuerdo que el debate político allá tiene una profundidad que vaya a saber Argentina cuando lo va a tener. En los seminarios, cuando venía un profesor de afuera, todos los profesores míos se sentaban en primera fila y cuando se exponía una fórmula en el pizarrón, la discutían como si toda la vida dependiera de esa fórmula. Y después los encontraba en el bar a todos abrazados! Nosotros, como latinos, estamos acostumbrados a transformar todo en una cuestión personal y lo que debiéramos hacer es empezar a institucionalizar las instituciones. Debemos eliminar los personalismos, este es uno de los problemas que tenemos en la Argentina, que los partidos políticos son débiles y por eso aparecen figuras muy personalistas.

-¿Cree que es peligroso el desarrollo de la gran minería metalífera en la cordillera?

-Creo que sí, en los términos en que se ha venido haciendo. Por eso en la Coalición Cívica hemos insistido mucho en esta cuestión y hemos votado como bloque esta semana a favor de una ley que proteja los glaciares y la zona cordillerana. Hay que encontrar el equilibrio entre la generación actual y la futura. La discusión pasa por dos caminos: Primero, si vamos a permitir que una generación se quede o deprede los recursos que le hubieran correspondido a generaciones posteriores; la segunda, si lo permitimos, de qué manera nos aseguramos que parte de esos recursos queden en los distritos o las provincias y no se vayan al exterior o a los bolsillos de los empresarios. En todo el esquema minero nosotros vemos una cantidad de problemas y beneficios impositivos y exenciones que son injustificables. Y lo que no ha quedado demostrado todavía es que, más allá de la depredación de los recursos, no se ven derrames en otras actividades productivas en la magnitud que eventualmente justificarían esa utilización de los recursos.

Estamos a favor de cualquier actividad económica lícita y la minería lo es. No estamos a favor de los excesos y en la cuestión específica de la minería vemos cierta connivencia, en la que nos resulta difícil entender por qué tantos beneficios a tan pocas empresas.

¿Hay que aumentar las retenciones y regalías mineras?

-Si es una manera de capturar la renta que hoy el esquema deja de capturar, es para analizarlo. Hoy la única manera que la provincia participa fiscalmente de la explotación es a través de una regalía que está subestimada y que después la recupera la empresa a través de reintegros si exporta por los puertos patagónicos, que ya le corresponde a la Nación y no a las provincias. Pero está muy claro que frente a los volúmenes que vemos de exportación, que son récord hoy en San Juan, ésta es una fracción muy pequeña que le queda a la provincia, apenas del 1%. Si uno imagina un esquema de retenciones que sea más efectivo en la recaudación, también tendría que imaginar de qué manera lo distribuye en las provincias. El problema es que por la Constitución Nacional la retención es un impuesto que sólo cobra la Nación. Entonces creo que lo que debería hacerse es encontrar una manera que grave mejor la renta de un recurso no renovable, y que ese gravamen quede mucho más cerca de los habitantes de la provincia donde está la mina, y no tanto en la Capital Federal.

-¿Qué opina del relanzamiento del régimen de promoción industrial?

-No tengo problemas con los regímenes de promoción que hagan dos cosas: identifiquen sectores con potencialidad y que surjan de una discusión democrática y abierta, o sea, que el Congreso nacional decida que hay que promover y subsidiar. Los regímenes de promoción industrial en la Argentina no han cumplido con ninguno de los dos requisitos. Pueden haber excepciones y no conozco suficientemente el tema para señalarlas. Pero la historia Argentina no tiene ejemplos de buena implementación de estas cuestiones. Tenemos que salir de la lógica de que estas cosas una vez que se implementan son difíciles de levantar, y cierta cuota de pánico de que hay que renovarlas porque si no las industrias desaparecen y provocan caída del empleo. Tenemos suficientes años de regímenes para empezar a estudiar cuáles funcionaron y cuáles no. Las exenciones impositivas, los subsidios y promociones a industrias específicas son una buena herramienta económica pero que muchas veces termina contaminada por la corrupción del discurso de turno.