El crecimiento de la presencia femenina en la industria de San Juan es muy parecido a la fábula de Esopo, aquella en la que la hormiga trabajaba y se mostraba previsora mientras la cigarra, holgazana y sin más horizonte que vivir el día a día, sólo se burlaba de ella. La filosofía del largo plazo, de pensar el futuro, es el trabajo de hormiga que la industria sanjuanina está haciendo en pos de lograr la tan anhelada igualdad de género.

Hoy la cúpula de la Unión Industrial de San Juan (UISJ) tiene cinco integrantes mujeres, algo sin precedente en la historia local. Casi 1 de cada 4 trabajadores de esta rama productiva son mujeres, algo que hace años era impensable. Y cada vez más empresarias consolidan su liderazgo al frente de sus emprendimientos familiares, contra toda una tradición de hombres dominantes y mujeres marginadas.

Así, la igualdad de género parece más cerca.

Pero también buena parte del empresariado sanjuanino asocia la capacidad femenina a una cantidad limitada de rubros y no a todos. Al mismo tiempo, casi todos reconocen que al momento de tomar personal, el género es una variante de peso en la que ser hombre termina sumando más puntos. Y en varias empresas bajo conducción femenina subsiste aún la idea de que es injusto, o al menos incómodo, responder a las órdenes de una mujer, sobre todo si es joven.

Así, la igualdad de género parece más lejos.

Pero este vaivén, esta lucha de consolidación de poderes y de ideas, no es estanco. Avanza. Va construyendo paso a paso un cambio que va arraigando en la cultura de San Juan, espejo del mundo. Las discusiones maduran, las posiciones en torno al cupo femenino se pulen, las historias individuales de las mujeres trabajadoras y emprendedoras se van convirtiendo en la historia viva de la industria.

La equidad en las posibilidades sin distinción de género, así, parece posible. Lento, pero sistemático. Fluctuante, pero con previsión.

Como la hormiga de la fábula.