Jóvenes, talentosos y emprendedores. Ese es el perfil de Carla Raschella (23) y Ramiro López Lillo (24). Ambos formaron La Dueta, un taller artístico que comenzó como un refugio para el estudio (están ambos en cuarto año de la Licenciatura en Artes Visuales de la Universidad Nacional de San Juan) y que ya es un negocio que les deja buena renta y con el que quieren trascender con sus creaciones.
Sus obras van desde simple cerámica básica (jarrones, vasos, cacharros, etc.) hasta esculturas en madera, pasando por pinturas hechas a medida. Todo lo sostienen a pulmón, sin pedir ayuda a nadie y en base a que cada peso que les ingresó en los últimos meses lo reinvirtieron en el taller.
“Empezamos con la idea de generar cosas copadas, que sean bien nuestras y con estilo propio, porque estamos terminando la Facu y queríamos meternos en la actividad de a poco. En principio fue eso, pero se nos empezaron a abrir las puertas en varios lados y en eso reconozco que ayudó mucho el boca a boca y el haber participado de algunos eventos y dijimos: ‘bueno empecemos con un microemprendimiento’. Y aquí estamos trabajando a full, nos está yendo bien”, comentó eufórica Carla.
El plan que tienen entre manos estos ‘‘precoces’’ emprendedores es poder colocar un negocio en una ‘‘buena zona’’ del Centro sanjuanino, ya que hasta ahora se hacen conocer a través de un blog y utilizando el boca a boca como principal herramienta. ‘‘Nos ayuda mucho también participar de algunos eventos o ferias donde llevamos lo que hacemos y uno ve la reacción de la gente y creo que ahí está la clave, porque si a la gente le gusta lo transmite a sus amigos’’, explicó. Y agregó, ‘‘teníamos obras hechas, algunas herramientas.
Primero comenzamos con cerámica utilitaria que es vendible, accesible. También con escultura y pintura, en madera, cerámica. Si el cliente quiere vamos a la casa y de acuerdo a la decoración que tiene le recomendamos que tal o cual pintura le va a quedar mejor’’.
El relato se viste de colores en el corazón del taller (Bº Los Troncos, Mza ‘C’, casa ‘5’ en Santa Lucía) al que consideran su segundo hogar y donde forjan los sueños de artistas.

