Más de 17 años de ser administrativa en una empresa de construcciones eléctricas y civiles le dejaron a Mariela Reta un marcado sentimiento de estrés y una encrucijada respecto a qué hacer con su vida.
‘Tenía que cambiar, bajar un cambio y comencé a buscar algo diferente. Mi cable a tierra eran las artesanías y me decidí. Es una elección de vida’’, dijo esta sanjuanina que dejó el papelerío y ahora pasa sus días tallando y pintando maderas de caldén, que convierte en preciosas piezas de cartelería, tablas para asados o para los tacos mexicanos que son furor.
Su emprendimiento se llama Mare, con las primeras siglas de su nombre y apellido, y ahora que se convirtió en un negocio hecho y derecho, con el que se puede vivir económicamente, convenció a su marido -Pablo Trapaglia- a que se sume a la producción y venta de piezas. Desde hace un año, juntos se la pasan recorriendo ferias de emprendedores, y vendiendo productos en su casa de Capital que son conocidas en San Juan por Facebook (tiene su página Mare cargada allí) o de boca en boca por familiares o amigos que ya las adquirieron.
‘Empezamos hace 4 o 5 años como un hobby, para hacer algo en los ratos libres. Viajamos a Córdoba y vimos una chica que trabajaba en madera y nos gustó. Compramos una frezadora (máquina para labrar) y empezamos a agarrarle la mano, pero sólo hacíamos piezas para la familia o regalarle a los amigos’’, recordó Mariela. ‘Vimos que generalmente gustaba y nos pedían, y de poquito a poquito empezamos a vender’’, agregó.
Al principio trabajaron con maderas provenientes de la finca de Pablo que eran eucaliptos y álamos ‘pero no teníamos buenos resultados’. En uno de los viajes para ver la familia de él en La Pampa conocieron la madera de caldén y supieron enseguida que esa era la que necesitaban. ‘De ahí en más, todas la veces que viajamos a ver la familia traíamos madera. Ahora ya debemos viajar solamente a traer una cantidad de madera considerable’’, dijo la emprendedora que jura que ahora se encuentra mucho más feliz con el giro que ha tomado su vida.
‘Dejé la empresa para dedicarme enteramente a esto. Ahora estoy todo el día a full con el negocio, y mi marido prácticamente también’’, asegura. Cuenta que los diseños salen según la forma, el tamaño y los nudos de la madera. Y que se venden tanto para cumpleaños como en piezas especiales encargadas para casamientos.

