En San Juan ya comenzó la nueva temporada de cosecha de uvas para consumo en fresco, la primera en el país, y ya se nota el efecto estimulante que tiene en el empleo: se calcula que esta temporada se contrataran entre 7.000 y 10.000 trabajadores temporarios para levantar unos 40 millones de kilos de uva, y empacarla para destinos de mercado interno y externo. Las estimaciones preliminares son de la Cámara de Productores Vitícolas (Caprovit) y de la Asociación de Viñateros Independientes (AVI), y significan un aumento del 200% respecto a la mano de obra que tuvo trabajo en la malograda temporada pasada. Además de que el negocio se vino a pique en los últimos años por falta de competitividad, el año pasado se sumó el impacto de las heladas tardías de setiembre que diezmaron la producción. Juan José Ramos, presidente de AVI; dijo que en esa entidad calculan que esta temporada se ocuparán 10.000 temporarios para levantar alrededor de 40 millones de kilos de variedades para consumo de mesa. En Caprovit José ""Catuco" Molina, titular de Caprovit; fue menos optimista y estimó que se necesitarán un mínimo de 7.000 personas para ese volumen. ""El año pasado por las heladas la contratación de mano de obra debió ser un tercio de los 7.000 esperados esta campaña", estimó.

 

En la Cámara de Comercio Exterior este año no han sacado cuentas de cuántos puestos de trabajo temporario se ocuparán. Su titular, Antonio Giménez, dijo que les cuesta establecer estimaciones todavía porque las decisiones se están tomando tarde y hay empresarios que aún no deciden el destino de la uva. ""Pensamos que la perfomance será mejor que el año pasado, pero no buena, porque el año pasado fue muy mala. Hay que esperar un tiempo para ver que está pasando", dijo. De todos modos, añadió que este sector sigue siendo un dinamizador de la economía por la cantidad de mano de obra que requiere, ""ahora a menor escala, pero las características las mantiene", dijo Giménez. En tal sentido, el repunte que se espera en cosechadores y empacadores este mes y el próximo en la provincia dista mucho de años pasados. A esta altura se veían enjambres de hombres y mujeres cortando las uva con tijeras y empacando en cajas de cartón y eran comunes las congestiones en la rutas por los camiones frigoríficos que transportaban la materia prima al país y a los puertos, que sobre todo se agolpaban en las puertas de grandes frigoríficos como Expofrut o Patagonian, hoy cerrados. Los referentes del sector consultados recuerdan que llegaron a movilizar unos 20 mil trabajadores en la temporada de recolección de uvas. San Juan llegó a ser un fuerte exportador de uva de mesa hasta el 2012, pero luego las variables económicas el negocio se vino abajo. La falta de competitividad frente a sus rivales -Chile y Perú- es lo principal, causado por los elevados costos internos, fletes caros, servicios de exportación elevados, aportes y contribuciones caros y la energía cara, que atenta contra la actividad de los frigoríficos. A esto se suma el tipo de cambio que desde hace años esta retrasado respecto a la moneda argentina. Otro freno fuerte para la exportación es la bromuracion que exige Brasil, que causa que la uva blanca llegue con menor calidad. De eliminarse esa obligación, ese destino podría captar unos 30 millones de kilos, calculan en la Cámara de Comercio Exterior.

 

 

Las exportaciones 

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Los sondeos en el sector indican que las exportaciones de uva sanjuanina de la actual campaña seguirán bajas, una tendencia que se viene consolidando desde el 2012. Entre los principales productores y cámaras estiman que esta temporada el volumen que podría enviarse al mundo rondará sobre los 5 millones de kilos o menos, porque la competitividad aun no favorece al sector.

La campaña pasada se exportaron solo 4,5 millones de kilos (4.500 toneladas) un volumen considerado mínimo teniendo en cuenta que los tres años anteriores los envíos aún eran de entre 12 y 18 millones de kilos. Claro está, cifras que quedaron muy lejos del momento de auge de la exportación de uva para consumo en fresco, cuando esta se ubicaba en los 50 a 70 millones de kilos.

El resto del volumen queda para el mercado interno, pero como este también esta saturado, en las entidades dudan si los van a levantar o lo van a destinar a otros usos, como pasas.