El intento de la Municipalidad de Capital por controlar la venta ambulante en el centro duró apenas dos meses. Ayer a las 11 de la mañana, en vísperas del Día del Padre, unas 60 personas cargadas con bolsas de mercadería irrumpieron por el medio de la calle Tucumán, entre Libertador y Laprida, cortaron el tránsito y tendieron coloridas mantas una al lado de la otra -algo que prohíbe la última ordenanza municipal-, armando una improvisada feria persa encima del asfalto. A la siesta, cuando cerró el comercio, le hicieron caso a la policía y liberaron la calle, desplazándose a las veredas. Por la tarde los inspectores decidieron no actuar debido a la diferencia numérica de los ambulantes "A menos que nos acompañe la Infantería, no vamos. Sólo somos 13 y tres policías!”, dijo el jefe de los inspectores a las 18 de ayer.
Fue el epílogo de una jornada en que la municipalidad volvió a perder otra batalla en el combate de la venta ilegal en el microcentro. En abril pasado la comuna modificó una ordenanza y permitió solamente a 6 por cuadra, y sólo caminando, sin asentar mantas en la calle.
La estrategia de los ilegales ayer fue tomar la arteria sorpresivamente. Al promediar las 11 se juntaron unos 60 y mientras unos cortaron el tránsito que baja por Libertador y dobla por Tucumán, otros desplegaron rápidamente las mantas con la mercadería. A la policía de Tránsito que intentó desalojarlos les decían que tenían autorización del municipio para instalarse sólo por ese día, algo que después fue desmentido categóricamente por Ricardo Pintos, el secretario de Gobierno municipal. Los pocos inspectores municipales fueron sobrepasados numéricamente por los vendedores.
Al mediodía la arteria gris se había convertido en un arco iris, con el despliegue de toda la gama de colores en medias, ropa interior y deportiva, bufandas y hasta sombreros y banderas albicelestes. Algunos niños hacían sonar las vuvuzelas que hizo famosas el mundial de Fútbol y otros vendedores, convertidos en percheros humanos se paseaban con infinidad de pañuelos. Enseguida la gente se acercó a mirar y comprar, mientras los inspectores y policías miraban a los costados.
"Mientras no suban a las veredas no hay problemas. En la calle no podemos actuar”, dijo un inspector, aunque luego Pintos dijo que la ordenanza que prohíbe la venta ambulante no discrimina calle o vereda. "No podemos hacer nada, la policía de Tránsito los dejó tomar la calle”, dijo un agente apostado en la esquina.
"Nosotros no ordenamos nada. Se ha hecho como con todas las manifestaciones, se corta el tránsito para evitar accidentes”, contestó el jefe de Policía, Miguel González. Y contó que "ellos, en un primer momento esgrimieron que tenían autorización para estar ahí, les pidió que deben llevarla por escrito y como no lo hicieron, le dimos intervención al juez Correccional de turno, porque cortar la calle es un delito", agregó el jefe policial. Eso ocurrió a la siesta, cuando la policía, sin usar la fuerza los convenció de liberar la calle. Ahí se fueron a las veredas.
"La situación nos desbordó”, se había quejado Pintos al mediodía, quien justificó la inacción de los inspectores, ante la cantidad de vendedores ambulantes. "Tenemos que hacer un extra, la única oportunidad es para estas fechas”, dijo un vendedor, cuando ya todas las veredas estaban tomadas.
