Mayo comenzó con una dinámica clave para el futuro inmediato del dólar en Argentina. Coincide con la etapa de mayor liquidación de divisas del agro, lo que genera un fuerte ingreso de dólares al mercado. Pero la demanda también gana terreno y podría impedir que el Banco Central logre su objetivo de acumular reservas.
Desde el 14 de abril, el Gobierno nacional fijó una banda de libre flotación para el dólar entre los $1.000 y $1.400, sin intervención del BCRA dentro de esos márgenes. Actualmente, el tipo de cambio mayorista ronda los $1.170, lo que deja en claro que, para que la autoridad monetaria pueda intervenir y comprar, el valor debería retroceder hasta tocar el piso de $994, algo que por ahora no se vislumbra cercano.
Una de las novedades del esquema es la eliminación del dólar “blend”, que permitía liquidar parte de las exportaciones mediante operaciones bursátiles. Esto impulsó un volumen muy alto en el mercado mayorista, con operaciones diarias que superaron los USD 800 millones.
La otra cara es la demanda. Con un dólar que se aleja del promedio de $1.200, reaparecen compradores: empresas importadoras y ahorristas que aprovechan una brecha cambiaria casi nula. De hecho, los depósitos en dólares del sector privado volvieron a superar los USD 30.000 millones, lo que marca una tendencia creciente de dolarización de carteras.
“El mercado muestra señales de estabilidad por una mayor oferta desde el agro, el carry trade y ventas privadas típicas de comienzos de mes. Pero también crece la demanda cuando el precio baja”, explicó el economista Gustavo Ber.
En este contexto, el ministro de Economía, Luis Caputo, anticipó medidas para “fomentar el uso de los dólares” y prometió que “van a circular más”.
Sin embargo, las reservas siguen bajo presión. En las próximas horas, el Tesoro deberá pagar USD 620 millones al FMI en concepto de intereses. El Gobierno afrontará otros dos pagos similares este año, además de esperar nuevos desembolsos del Fondo por un total de USD 3.000 millones.
Con estas variables en juego, el mes de mayo será un termómetro clave para medir si el esquema de libre flotación resiste y si el Banco Central logra fortalecer sus reservas en un contexto de tensión entre la oferta estacional de divisas y una demanda que no da tregua.

