La construcción no es un sector estático, todo el tiempo surgen nuevas formas de levantar viviendas y estructuras, más eficientes y modernas. Pero estas ideas deben desarrollarse con un desafío extra en Cuyo, ya que se trata la zona de mayor sismicidad del país, además de tener un clima extremo.
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En San Juan ponen a prueba la construcción del futuro: sismorresistente y más eficiente
Un equipo de investigadores del IDIA, instituto que depende de la UNSJ, se aseguran de que las casas y edificios sean futuros.
Para sortear estas condiciones, son clave los estudios y ensayos estáticos y dinámicos sobre la estabilidad de las estructuras. En la provincia, este trabajo lo hace el Instituto de Investigaciones Antisísmicas de la Universidad Nacional de San Juan, el más antiguo del país, que surgió luego del terremoto de 1944.
Desde la institución dialogaron con CUYO CONSTRUYE y contaron cómo hacen este trabajo y qué criterios tienen en cuenta. Además, explicaron cuáles son los sistemas nuevos que están apareciendo y cómo van ganando espacio estas tendencias, que cada vez ganan más terreno en el mercado inmobiliario.
Cómo se comprueba que una construcción es segura
En el IDIA tienen capacidad de hacer tanto ensayos estáticos como dinámicos. Con estos buscan entender cómo se comporta el sistema o obtener parámetros de resistencia, detalló Luciano Oldecop, director del instituto.
El trabajo se concentra en exponer los materiales y sistemas a distintos esfuerzos y condiciones, para ver cuándo y cómo se dañan. Con esto logran conocer tanto cualitativamente y cuantitativamente a qué condiciones sísmicas se pueden ver expuestos sin que sufran daños que pongan en riesgo la vidas humanas.
Germán Rodari, investigador del IDIA que se enfoca en ensayos de métodos de construcción antisísmicos, explicó que una de las características de los estudios es que procuran evitar fallas frágiles. Esto quiere decir, que la estructura no se rompa súbitamente.
El ingeniero dijo que lo que buscan es que las estructuras sean dúctiles, es decir, que se puedan “deformar mucho y presentar daños visibles antes de colapsar, manteniendo su resistencia para salvar vidas”. En comparación, una construcción extremadamente frágil no podría resistir las fuerzas y colapsaría, más similar a si fuera un edificio de vidrio.
Para lograr observar estas condiciones es necesario exponer a los materiales y estructuras, algunas de ellas a escala o en tamaño real, a las condiciones que sufrirían en caso de un sismo. Esto se hace con los ensayos.
Ensayos dinámicos y estáticos, desde San Juan al país
Gracias a su historia como autoridad en el control de métodos constructivos, al IDIA recurren instituciones públicas y también empresas privadas para probar sus métodos constructivos. Un proceso normal que se da es que si una desarrolladora quiere empezar a usar una nueva tecnología solicita los ensayos y luego con los resultados de los técnicos e ingenieros consigue la aprobación de la autoridad en San Juan, que es la oficina de Planeamiento.
Oldecop contó que cuentan con equipamiento de alta tecnología, como una mesa vibradora, que permite “reproducir el efecto exacto que genera un terremoto al mover el suelo”. En esta se pueden utilizar modelos a escala de una estructura completa, por ejemplo una casa de adobe un edificio completo.
Al utilizarla, los técnicos observan cómo el modelo es sometido a movimientos iguales a los de un sismo y calculan cuándo se daña, de qué forma, cuántas fuerzas puede soportar y luego estudiar el tipo de roturas que se generaron. Esto es clave, porque como explicaron los profesionales, lo que importa es cómo se comporta la estructura, qué zonas son frágiles o más dúctiles.
Además de descubrir lo que sucede, la mesa permite mejorar el diseño estructural, colocar dispositivos amortiguadores y analizar el comportamiento dinámico en general. Como resultado, se llega a mejores formas de construir y más seguras para los usuarios y la sociedad.
Con este sistema no solo prueban formas de levantar viviendas o edificios, una tarea que realiza hace años el IDIA es controlar estructuras eléctricas. Así, por ejemplo, pueden probar equipos electromecánicos, que son críticos en caso de sismos, o incluso columnas para tendido eléctrico.
En cuanto a los ensayos estáticos, en estos no se limitan a probar cómo se comporta una construcción frente al sismo, sino que exponen la misma a fuerzas controladas para tener información detallada. Lo hacen de manera lenta, para obtener la mayor cantidad de datos.
El funcionamiento, explicaron, es a través de gatos hidráulicos, que ejercen presión en una losa de carga de muro reactivo, donde la estructura está anclada firmemente mientras recibe la fuerza. Esto también simula un sismo, pero lo hace de forma controlada.
Lo que logran observar es hasta dónde se puede deformar una estructura, ya que en construcción lo ideal es que estas puedan moverse sin colapsar, lo que confirma que es dúctil y no frágil. Con esto logran tener modelos matemáticos que predicen qué ocurrirá durante un temblor.
Durante las pruebas los técnicos aumentan la fuerza poco a poco hasta que finalmente se rompe, conociendo así el límite del mismo. Además, este sistema en el IDIA se puede hacer a escala real, ya que cuentan con equipamiento de gran tamaño para hacerlo.
Conocimiento para poder innovar
Las respuestas que da el IDIA y otros institutos similares le permite a la industria de la construcción innovar de forma segura. Así, con estos criterios analizan nuevos sistemas de construcción, que surgen en el mercado, a fin de validarlos como seguros, en especial en zonas de alta sismicidad como San Juan.
Germán Rodari, que trabaja en el área específica que prueba formas de construcción, contó que la industria trabaja en nuevos métodos y que estos tienen buenos resultados. “Ahora estamos trabajando en un sistema ya conocido, que es el de las placas de tergopol a las que se les inyecta hormigón, que tiene varios nombres comerciales”, explicó.
En el IDIA no solo prueban los que son nuevos, sino también qué capacidades más puede tener. Así, este sistema que ya es conocido, está intentando ampliarse a más de una planta, ya que está autorizado a una sola, pero ahora busca probar si una vivienda de dos puede ser segura.
“La fábrica quiere construir con dos plantas y desde el año pasado estamos trabajando con las pruebas, haciendo los ensayos”, contó el ingeniero. De momento hacen las pruebas con modelos a escala, para entender los parámetros de resistencia y otro tipo de investigaciones que “no nos dan como resultado un número, pero sí nos permiten entender cómo funciona el sistema”, contó.
El trabajo que hace el IDIA con privados conociendo más sobre los sistemas les permite también entender cómo el mercado va cambiando, sumando más alternativas al ladrillo y losa tradicional, explicó Rodari.
Para el ingeniero, estos sistemas irán ganando espacio poco a poco, a medida que también se genera una mirada cultural más positiva a estas alternativas. “En San Juan se da mucho el concepto de la casa de material, que es una idea que nació en oposición a la casa de adobe que son las que colapsaron en los terremotos y esa idea quedó instalada”, explicó.
Pero en la actualidad, los métodos constructivos nuevos tienen ventajas importantes. “En ese momento era la mejor tecnología disponible, pero hoy existen otros, desde las casas de madera en Estados Unidos que se convirtieron en las más elegidas o los nuevos que investigamos”, agregó.
A esto se sumó un factor económico. La construcción liviana tiene un fuerte factor de importación, que durante muchos años elevaba el pecio haciendo que el ladrillo convenga más, en contraposición con lo que pasa en el mundo, donde este último es un lujo.
Pero, a futuro, Rodari ve un crecimiento en formas alternativas de hacer viviendas. “Son más eficientes en cuanto a energía, el ladrillo es peor aislante, mientras que los otros son mucho más eficientes”, detalló.
Con energía más cara, tener una casa menos eficiente para mantener la temperatura es más caro. Además, existe una ley de etiquetado de viviendas que hará que cueste más el gas y la electricidad a las que no cuiden la eficiencia. Por eso, para Rodari, el cambio cultural a nuevas formas de hacer obras está empezando a darse.