El Fondo Monetario Internacional reconoció este jueves que monitorea de cerca el aumento de la morosidad entre las familias argentinas, pero descartó que el fenómeno represente, por ahora, una amenaza importante para la estabilidad financiera del país. La definición llega en momentos en que el endeudamiento de los hogares volvió al centro de la discusión política y económica.
La mora crece, pero el FMI le bajó el tono: "No es un riesgo significativo" para los bancos
El organismo admitió que sigue de cerca el endeudamiento de los hogares, aunque aseguró que el sistema financiero argentino permanece sólido.
“Estamos siguiendo muy de cerca el reciente aumento de la mora por parte de los hogares y no vemos que esto sea un riesgo significativo para la estabilidad financiera de Argentina”, sostuvo la vocera del organismo, Julie Kozack, durante una conferencia de prensa. El FMI apoyó su evaluación en la solidez patrimonial y de liquidez que, según señaló, mantiene actualmente el sistema bancario.
Por qué el FMI no ve una alarma para los bancos
Kozack explicó que, en comparación con otros países de América Latina, el nivel de endeudamiento analizado por el organismo continúa siendo relativamente bajo. También destacó que las entidades financieras argentinas están bien capitalizadas, cuentan con buena liquidez y tienen previsiones que cubren más del 85% de los créditos en mora.
La evaluación coincide con el diagnóstico que el propio Fondo había realizado en su última revisión sobre Argentina. Allí describió al sistema financiero como líquido y bien capitalizado, aunque advirtió que deben seguirse de cerca riesgos emergentes vinculados con el crecimiento del crédito de los hogares y otras fuentes de financiamiento.
Eso significa que el FMI distingue dos cuestiones diferentes: que una familia tenga cada vez más dificultades para pagar no implica necesariamente que los bancos estén cerca de una crisis. Para el organismo, el deterioro de los pagos merece seguimiento, pero las entidades todavía tendrían margen suficiente para absorber eventuales pérdidas sin poner en peligro al conjunto del sistema.
El contraste: millones de argentinos tienen deudas
La lectura del FMI aparece en medio de números que muestran un deterioro concreto en las finanzas familiares. Según estimaciones privadas elaboradas a partir de datos del Banco Central, la mora de los hogares en préstamos con atrasos superiores a 90 días pasó del 12,77% en junio al 12,94% en julio.
En total, alrededor de 20,8 millones de personas mantienen deudas con al menos una entidad financiera o no financiera y unos 5,9 millones registran algún tipo de mora, de acuerdo con información de la Central de Deudores analizada por la consultora 1816. La situación es todavía más compleja fuera del sistema bancario tradicional, donde la irregularidad alcanza niveles sensiblemente superiores.
El aumento de los atrasos ya llegó también al Congreso. Esta semana Diputados aprobó por 249 votos a favor y uno en contra un emplazamiento para que las comisiones de Finanzas y Defensa del Consumidor comiencen a analizar cerca de 50 proyectos relacionados con el endeudamiento y la morosidad de los hogares.
El FMI pidió ampliar los beneficios del crecimiento
Más allá del sistema financiero, Kozack reconoció que tanto el organismo como las autoridades argentinas son conscientes de que es necesario extender los beneficios de la estabilización económica a más sectores de la población. Según señaló, el crecimiento reciente estuvo impulsado principalmente por energía, minería y actividad agropecuaria.
La vocera también destacó como prioridades continuar acumulando reservas, reducir riesgos de financiamiento, preservar el equilibrio fiscal y avanzar con reformas que permitan desarrollar mercados de crédito de mayor plazo, incluido el hipotecario. El objetivo, sostuvo, es fortalecer la capacidad de la economía argentina para enfrentar futuros shocks.
El diagnóstico deja así una paradoja: la mora de las familias sigue creciendo y ya moviliza al Congreso, pero para el FMI todavía no existe una amenaza sistémica para los bancos. La discusión pasa ahora por cuánto puede seguir deteriorándose la capacidad de pago de los hogares antes de que el problema deje de ser únicamente social y empiece a convertirse también en financiero.