El arbolado público es uno de los patrimonios ambientales más valiosos de San Juan. Provee sombra, regula la temperatura, mejora la calidad del aire y aporta identidad al paisaje urbano. Sin embargo, en numerosos sectores del Gran San Juan ese patrimonio se encuentra en franco deterioro, sin controles sistemáticos que permitan conocer el estado sanitario de cada ejemplar, especialmente de aquellos más antiguos y de gran tamaño, que representan un riesgo potencial cuando no reciben el tratamiento adecuado.

El episodio ocurrido el viernes último en la transitada calle Hipólito Yrigoyen, en las inmediaciones del Círculo Andaluz, en el departamento Rivadavia, volvió a encender una señal de alarma. Un árbol de gran porte, aparentemente seco, cayó de manera total sobre la calzada. Según relataron vecinos y transeúntes habituales del lugar, el ejemplar llevaba tiempo en mal estado y su peligrosidad había sido advertida. La fortuna quiso que en ese preciso momento no circulara nadie por el sector, evitando daños materiales y, sobre todo, consecuencias personales que podrían haber sido graves.

El hecho no es aislado. Vecinos de distintas zonas de Rivadavia coinciden en señalar la presencia de árboles con características similares en varias arterias, como Hipólito Yrigoyen, desde Ignacio de la Roza hacia el Sur, o Sargento Cabral, desde Paula Albarracín de Sarmiento hacia el Oeste. Pero el problema trasciende los límites de ese departamento. En Santa Lucía y Rawson también se observan numerosos ejemplares secos, inclinados o con ramas de gran tamaño en evidente riesgo de desprendimiento, lo que demuestra que los controles actuales son escasos o directamente inexistentes.

La responsabilidad de esta situación no puede recaer en un solo actor. El control del estado del arbolado debería ser una tarea conjunta y permanente entre los municipios y la Secretaría de Estado de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la provincia, con criterios técnicos claros y un relevamiento actualizado. Al mismo tiempo, la comunidad tiene el rol clave de denunciar cada vez que se detecta un árbol en mal estado, ya que esto puede marcar la diferencia entre la prevención y la tragedia.

Los últimos años de extrema sequía y el estrés hídrico han acelerado el deterioro de muchos ejemplares. En algunos casos, la erradicación fue necesaria para evitar males mayores. Lo ideal es anticiparse. Identificar a tiempo los árboles comprometidos, retirarlos de manera segura y reemplazarlos de inmediato por especies adecuadas al clima y al suelo sanjuanino. Un dato no menor es que aquellos árboles que aún no han desarrollado su follaje difícilmente estén en buenas condiciones. Ignorar esa señal es postergar una solución que, tarde o temprano, se vuelve inevitable.