En San Juan hay inscriptas 56 bibliotecas populares que funcionan en los lugares más insólitos de la provincia. Están desde las grandes instituciones como la Biblioteca Franklin en el centro de la ciudad de San Juan; la Abhenamar Rodríguez, en Santa Lucía; la Colón, en Caucete; hasta pequeñas bibliotecas como la Victoria, en el barrio Hualián de Rawson o la que funciona en la localidad de Tamberías, en Calingasta. Cada una, dentro de su ámbito cumple un rol de importancia para la comunidad y si bien, en estos últimos años de intenso desarrollo tecnológico estas instituciones han sufrido una disminución de asistentes, especialmente de adolescentes, cada una de ellas ha utilizado los exiguos recursos que disponen para seguir cumpliendo con el objetivo de complementar los saberes de la enseñanza formal de las escuelas con la promoción del hábito de la lectura e investigación.

Las bibliotecas populares son asociaciones civiles autónomas creadas por los mismos miembros de la comunidad, algunas a través de uniones vecinales entre otras entidades culturales y de bien público. Algunas cuentan con apoyo municipal o de la provincia pero se intenta que funcionen mediante el sistema de socios, que en ocasiones es insuficiente para su normal actividad.

El domingo último, en la edición de la Revista Oh! de este diario se publicó una amplia nota sobre la situación en que se encuentra la Biblioteca más grande de la provincia y una de las pioneras de Sudamérica, la Biblioteca Franklin, fundada por Domingo Faustino Sarmiento hace 158 años y que se ha convertido en una institución señera de la cultura sanjuanina. Similar situación por la que atraviesa esta entidad, es la que viven todas las bibliotecas populares esparcidas por la provincia, las cuales continúan funcionando en gran medida por el amor, dedicación y afecto que se les tiene en cada comunidad.

En estos momentos, al igual que otras instituciones de similares características como merenderos, comedores infantiles o clubes de barrio, las bibliotecas necesita el mayor apoyo de la comunidad para asegurar su continuidad. Más allá de que estas entidades estén bajo la órbita de la CONABIP (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares) creada también por Sarmiento por Ley Nro 419 y que dentro del Gobierno provincial estén dirigidas por la Dirección Provincial de Bibliotecas populares, los siempre insuficientes fondos que están llegando no alcanzan para mantener sus estructuras y es acá donde la colaboración de la comunidad, incluido el aporte de firmas comerciales y del sector empresario puede ayudar a que las bibliotecas resurjan en su importante función, que es rescatar a personas de todas las edades, especialmente a los niños, de hábitos que han hecho que se alejen de la lectura, y que ahora están ocasionando numeroso inconvenientes dentro del proceso de alfabetización que se está tratando de recuperar. Así lo ha entendido DIARIO DE CUYO que ha estado colaborando con la entrega de material bibliográfico, en gran parte de autores sanjuaninos y colecciones de distintas editoriales, a fin de ampliar la oferta de lectura de pequeñas bibliotecas de los departamentos.

Así como la Biblioteca Franklin ha iniciado una campaña para tratar de asegurar su normal continuidad, en cada lugar que haya una biblioteca popular debería prestarse todo el apoyo para que estos centros culturales sigan vigentes.