Todos los días se registran hechos delictivos de distinta índole, ya sea a nivel país como provincial. La delincuencia actúa con total impunidad y no tiene problema cuando al momento de robar a mano armada, también atacan a tiros a sus víctimas, llevando miedo y terror a las comunidades de cada provincia.

Incontables cantidad de hechos publicados por los medios de comunicación parecen no haber surtido efecto en las autoridades de los tres poderes en el país. Si bien las provincias tienen sus poderes independientes, cada una parece no atender de la manera efectiva, exigente y profesional, como se debería tratar este tema.

En un país donde a través del tiempo se normaliza cualquier accionar que esté en contra de las leyes establecidas, se hace necesario que las autoridades en todos los niveles actúen con total conciencia de que fueron votados para ejercer un servicio a la comunidad de la manera más eficiente posible y sin ningún tipo de especulación política.

San Juan no es la excepción. Los denominados motochorros también imitan el mismo accionar que se puede ver en el conurbano bonaerense, arrebatando carteras a las mujeres, como celulares a personas de distintas edades y se cubren con las sombras de la noche para atacar en distintas zonas de la provincia. Incluso hasta en plena luz del día, se producen ilícitos como los robos de ruedas de auxilio en vehículos estacionados en la calle. Es más, hasta un menor fue grabado por vecinos del Barrio Fuva, en Rivadavia, robando estos objetos, quizás utilizado por adultos, sabiendo que las leyes protegen a los menores.

Teniendo en cuenta que la Policía de San Juan goza de gran prestigio en la comunidad sanjuanina, se hace necesario que los poderes del Estado trabajen de manera coordinada, con mucho ahínco y contundencia para prevenir el delito y sancionarlo de acuerdo a las leyes actuales y las que se puedan modificar o sancionar en el futuro.

Solo trabajando entre las instituciones, con el apoyo de toda la comunidad para informar y alertar a la Policía, se podrá disminuir la actividad delictiva a su mínima expresión para vivir en una sociedad segura.