El esfuerzo físico que realizó Novak Djokovic para ganar cada punto en el Philippe Chatrier fue conmovedor. La leyenda de 38 años, blindada por el amor propio y movilizada por la ambición, pero con mucho menos combustible que una maquinaria inalterable, Jannik Sinner, intentó romper los pronósticos, dándolo todo para alcanzar su final número 38 de Grand Slam. Sin embargo, su rival no admite errores desde hace tiempo. El italiano se impuso por 6-4, 7-5 y 7-6 (7-3), en 3h16m; y jugará la final de mañana en Roland Garros, frente al español -y campeón defensor- Carlos Alcaraz.
