La profunda crisis energética que atraviesa Cuba ha alcanzado un punto crítico con el agotamiento del combustible aeronáutico que utilizan las aerolíneas internacionales, una situación que amenaza con paralizar el turismo y profundizar el deterioro económico de la isla. La decisión de suspender el suministro de queroseno en aeropuertos internacionales, confirmada mediante avisos aeronáuticos oficiales, obligó a aerolíneas a cancelar vuelos, modificar rutas o realizar escalas técnicas en otros países, generando incertidumbre entre miles de turistas y operadores del sector.
Este escenario no surge de manera aislada. Se vincula directamente con la orden ejecutiva firmada por el presidente estadounidense Donald Trump el pasado 29 de enero, que impone aranceles y presiones a países que suministren petróleo a Cuba, bajo el argumento de que el gobierno de Miguel Díaz-Canel representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. Las sanciones han tenido un efecto inmediato al reducir drásticamente los envíos energéticos desde aliados históricos como Venezuela y al presionar a México y otros proveedores para frenar sus exportaciones.
El impacto se acumula sobre una crisis estructural de larga data. La economía cubana depende de importaciones para sostener su sistema energético, y la suspensión de envíos petroleros ha agravado cortes eléctricos, restricciones en el transporte y recortes en servicios públicos esenciales. Incluso el turismo, históricamente protegido por el régimen como motor de divisas, enfrenta cierres de hoteles y cancelaciones de vuelos, con aerolíneas internacionales que ya han suspendido operaciones ante la falta de combustible.
El efecto dominó alcanza a la población, que sufre reducción de servicios, jornadas laborales acotadas y limitaciones sanitarias en un contexto que algunos comparan con el ‘Período Especial” de los años noventa. Mientras tanto, miles de turistas permanecen en la isla bajo esquemas de contingencia, evidenciando la fragilidad de un modelo económico dependiente de recursos externos y altamente vulnerable a tensiones geopolíticas.
Más allá de las responsabilidades internas del régimen cubano y de sus alianzas estratégicas, el endurecimiento de las sanciones estadounidenses introduce un elemento de presión que trasciende el plano político y repercute directamente en la vida cotidiana de la población. El conflicto amenaza con escalar si Rusia u otros aliados intentan suplir el déficit energético, abriendo un nuevo capítulo de disputa internacional en el Caribe.
La crisis del combustible aeronáutico no es solo un problema logístico ni una coyuntura pasajera. Representa un síntoma de una economía al borde del colapso, atrapada entre sanciones externas, dependencia energética y un modelo productivo incapaz de sostener su propia demanda. En ese equilibrio inestable, el turismo -último sostén económico- parece hoy más vulnerable que nunca.
