El futuro del Río San Juan ya no puede pensarse desde la improvisación ni desde la esperanza de ciclos naturales más generosos. Un reciente estudio publicado en la revista científica Andean Geology, elaborado por especialistas vinculados al CONICET y a universidades nacionales como la Universidad Nacional de San Juan, plantea un escenario hídrico complejo para las próximas décadas. El trabajo, desarrollado por Cristian Villarroel, Mónica Morvillo, Emmanuel Ocaña, María Yanina Esper Angillieri y Eduardo Krause, analiza más de un siglo de registros del caudal -entre 1909 y 2021- para proyectar el comportamiento del escurrimiento hasta el ciclo hidrológico 2070-2071.
Las conclusiones son claras y preocupantes. El río presenta una tendencia sostenida al descenso, acompañada por ciclos que reflejan la variabilidad climática propia de los Andes Áridos. Según las proyecciones, los caudales futuros difícilmente alcancen de manera sostenida el promedio anual de consumo provincial, estimado en unos 1.200 hectómetros cúbicos. Incluso entre 2026 y 2029 los valores apenas superarían ese umbral, insuficientes para recomponer embalses o recuperar ecosistemas afectados por la sequía prolongada, como son los acuíferos de los que depende en gran parte la zona productora de San Juan.
El panorama más crítico aparece entre 2030 y 2035, cuando el escurrimiento anual podría descender a unos 680 hectómetros cúbicos. Esta perspectiva obliga a pensar en un cambio profundo en la gestión del agua, ya que la disminución de nevadas, el aumento de la temperatura y las alteraciones en el régimen nival impactarán directamente sobre la disponibilidad del recurso. En una provincia desértica como San Juan, donde el agua es sinónimo de vida y producción, ignorar estas advertencias sería un error estratégico de enormes consecuencias.
La planificación hídrica deberá incorporar políticas de adaptación que contemplen eficiencia en el riego, modernización de infraestructura, diversificación productiva y fortalecimiento de la conciencia social sobre el uso responsable del agua. También será necesario impulsar acuerdos institucionales que integren al Estado, el sector científico, los productores y la ciudadanía en una visión compartida del futuro hídrico provincial.
El estudio científico no debe interpretarse como una sentencia fatalista, sino como una oportunidad para anticiparse a los desafíos que se avecinan. San Juan ha demostrado históricamente capacidad para transformar la adversidad climática en desarrollo productivo. Hoy, esa experiencia deberá traducirse en decisiones estratégicas que aseguren la sostenibilidad del recurso más valioso de la provincia.
El Río San Juan seguirá siendo el eje de la vida local, pero su continuidad dependerá de la responsabilidad colectiva para gestionar un bien cada vez más escaso y estratégico. Planificar ahora es la única forma de evitar crisis mayores mañana.
